Manual del amigo bienintencionado


 

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Jaja. Esto siempre funciona.

 

No sirvo para consolar. Es más, apesto. En las últimas semanas varias personas cercanas a mí han pasado por momentos difíciles (colisión automovilística, roce en el trabajo, idiotas en la construcción, arpías vengativas en la oficina) y honestamente he querido ayudar pero no soy el tipo de persona que tiene a la mano un repertorio de frases inspiradoras porque las frases inspiradoras no me inspiran más que una reacción cínica, sobre todo la vida no se trata de esperar a que pase la tormenta sino de aprender a bailar en la lluvia. Honestamente me parece que conduce a la hipotermia y posiblemente a un tobillo enyesado. O no llores porque nunca sabes quién se está enamorando de tu sonrisa. Miren, si existe una posibilidad remota de que alguien se esté enamorando de mí entonces que sepa desde ya que el llanto viene con la carcajada. Ah, y los pesimistas ven dificultades en cada oportunidad y los optimistas ven oportunidades en cada dificultad. Gas.

 

No estoy negando que algunas de estas frases contengan algo de sabiduría y que tal vez si se aplican podrían ayudar a cambiar la actitud de la gente, pero yo prefiero frases de orden de llore fresca que lo que le pasó es muy horrible y aunque nada es para siempre dese el lujo de chillar. Es poco probable que vean esta en una camiseta pero al menos es honesta.

 

Creo que lo que me molesta en el fondo son las personas que creen que una frase bonita lo compone todo. No es así: hay momentos en los que uno tiene derecho a estar furioso o triste y no todo es cuestión de sonreír con valentía y cambiar mi destino y tratar de oír tintineo de las alas de las hadas detrás del sonido de la motosierra que está destruyendo mis sueños. A veces la vida apesta y no hay nada qué hacer y lo único que podemos ofrecer como amigos, familiares, esposos, padres o lo que sea es esperar a que pasa el ataque y ofrecer ayuda cuando sea el momento de levantarse, sacudirse y volver a la oficina/obra/carro/etc.

 

El fracaso nos ha tocado a todos y los verdaderos amigos son los que están el día después del fracaso, como si nada, sin exigir optimismo, sin castigar las lágrimas, sin juzgar las docenas de envoltorios de dulces en el piso ni las cajas llenas de fotos perdidas entre las cobijas. Cada quien encuentra su propia manera de superar las dificultades. Para algunos la solución está en la oración; para otros, en la reflexión; para algunos, en una combinación de alcohol, medicamentos y libros de auto-ayuda. Para mí está ver fotos de Matías y buscar imágenes de gatos haciendo cosas chistosas en Internet. Cuando las cosas están realmente mal, una Baileyterapia (una copita de Baileys con mi mamá y mis hermanas) funciona al pelo. Si la situación está muy complicada, siempre existe el chocolate.

 

Por eso yo no soy la amiga de la frase sino la amiga que aparece con brownies. Y si la cosa es grave, con pantalones de resorte.

 

5 comentarios en “Manual del amigo bienintencionado

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