Historia de dos Padres


 

Español: Una galleta de chocolate con trozos d...

La parábola de la Galleta. 

Imagínense una carretera medio desolada. Dos padres van en sendos carros con sus hijos de cinco años pasando por el mismo pueblo infeliz con sus radios sintonizados en la misma estación por la cual transmiten un comercial anunciando una apetitosa galleta de chispas de chocolate y malvaviscos. El comercial es tan efectivo que ambos niños se antojan al instante de la galleta y suplican a sus padres para que la compren. Los padres ven el único almacén del pueblo, parquean sus respectivos carros y se bajan para conseguir el encargo, dejando a los niños en el carro mientras se distraen con la música.

 

Entran al tiempo y al unísono le piden al tendero una galleta de chispas de chocolate con malvaviscos. El tendero los mira asombrados y les dice:

 

-Lo siento caballeros pero aquí no tenemos ese tipo de galletas. Lo más parecido que tengo son galletas de avena con uvas pasas. Tengo dos.

 

El Padre Uno dice de inmediato –La llevo. Muchas gracias y buen día-. Paga la galleta, se despide del otro padre y del tendero y se dirige al carro. Una vez allí le entrega la galleta al hijo, quien la examina y le dice: -Papá, esta no es la galleta que te pedí.

 

El papá responde: – Hijo, esta era la única que había. Cómete la mitad ahora y guardas la otra mitad para cuando lleguemos a nuestro destino. El niño parte la galleta, se come la mitad y guarda la otra mitad. –Está rica papá, gracias. Padre Uno e Hijo Uno llegan a su destino en poco tiempo.

 

Mientras tanto, El Padre Dos se ha quedado perplejo. -¿Dónde puedo encontrar una galleta de esas características?

 

El tendero responde que no sabe pero que con certeza en este pueblo no lo logará. El Padre Dos entonces le dice al tendero que le de la galleta de avena, un paquete de chocolatinas, un paquete de malvaviscos, una bolsa de bombones y cuantos dulces ve en la tienda. Sale del almacén y se recorre el pueblo en busca de la galleta y efectivamente no la encuentra. Le compra al niño todo lo que ve y finalmente, exhausto y abatido, regresa al carro. -Hijo, te he fallado. No te he conseguido lo que querías. Hice todo lo que pude, me recorrí el pueblo entero pero no encontré sino estas mil cosas. Espero que te agraden.

 

-Olvídalo papá. Ya no quiero nada. Tendrás que parar en cada pueblo de aquí hasta nuestro destino hasta que me consigas la galleta.

 

Ahora, fijémonos qué ha sucedido diez años más tarde. Hijo Uno se graduó de la universidad y aceptó un trabajo como aprendiz para adquirir experiencia. Sus jefes están muy impresionados con su desempeño, al punto que lo piensan promover pronto. Hijo Dos, en cambio, no se ha graduado. Ha empezado cuatro carreras en varias universidades y países en diferentes y no ha terminado ninguna. No dura en los trabajos porque siente que no es apreciado y que no le pagan lo que se merece.

 

¿Todo por una galleta? No precisamente. Pero apuesto que la actitud de los padres que tuvo algo que ver.

 

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