Mi museo de los corazones rotos


English: Broken heart sewn back together

Image via Wikipedia

Este mes se celebró el Día de San Valentín y pese a que yo no festejo esta fecha me llamó mucha la atención un artículo que vi sobre el Museo de los Corazones Rotos en Croacia. El Museo surgió de un espectáculo itinerante que amasó tal cantidad de objetos que los creadores decidieron tener un museo. La idea es crear arte de las cenizas de una relación y al hacerlo explorar y resolver los misterios del amor. Me sonó  tanto que me puse a pensar en mi propio museo de las Relaciones Rotas. Hice un análisis introspectivo y exhaustivo de quiénes me habían roto verdaderamente el corazón y di con cuatro tesoros dignos del museo:

La foto del Jardín Infantil El Despertar en la que salgo mirando tiernamente al primer gran amor de mi vida, Juanpelipe. Juanpelipe y yo nos íbamos a casar; él había aceptado ser el padre putativo de mi osito Teddy  yo ya tenía el vestido porque había sido pajecita en el matrimonio de un primo de mi mamá. Él se supone que iba a buscarnos casa, pero no sólo no nos buscó dónde vivir – al parecer un tema recurrente con los hombres de mi vida- sino que además se le olvidó este gran idilio y ha dicho que todo fue idea mía. Pero ahí está la foto.

La porcelana que me envió Bradley Pluth, el vecinito de Minnesota con quien me veía totalmente casada. La porcelana es de un niño halando una niña en una carreta y la tarjeta que la acompañaba rezaba “preferiría estarte arrastrando a ti en la carreta”. Amor profundo y verdadero…que se acabó cuando se lo llevaron a vivir a Virginia y nunca más supe de él.

La única carta que me escribió Tony Apker cuando me vine a vivir a Colombia. Teníamos 9 años y yo estaba locamente enamorada. En la carta me escribió que yo también le gustaba y que él me iba a decir que nos sentáramos juntos debajo del árbol que había en el patio del colegio durante el recreo para compartir la ponchera (que es como pedirlo a esa edad). Después décadas de silencio lo busqué en varias redes sociales y descubrí que se cambió el nombre y salió del clóset.

La servilleta que destrocé en una fiesta de quince luego de que el niño que me gustaba finalmente me arrinconó y me besó…en la frente.

Y esa sería la colección. No hay mucho que mostrar porque trasladé las oficinas de Asuntos Sentimentales del corazón a la cabeza y no me lo han vuelto a romper desde eso. Los que vinieron después, el que se portó como todo un caballero cuando se fueron las luces en el teatro y no se dio cuenta de que lo último que yo quería era portarme como una dama; el que me persiguió hasta que me consiguió y luego nunca llamó; el que me manda tweets en Inglés porque cree que soy extranjera pero no quiere ser mi amigo en Facebook a pesar de que fuimos novios dos años y medio…ninguno me rompió el corazón. Sólo me lastimaron el ego. Pensándolo bien, creo que para el Museo de los Egos Rotos estoy mejor preparada.

*PUBLICADA EN FEBRERO DE 2012

 

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