No, my Darling


Acta de Bautismo de Santa Anna

Acta de Bautismo de Santa Ana. Si fuera Santa Darling, la cosa sería distinta...

Los colombianos estamos acostumbrados a los nombres raros. Me atrevería a decir que es parte de nuestra cultura cotidiana. Todos tenemos un amigo Jason Micheal, Bryan Vladimiro o Yeims James. Casi todos conocemos al menos una Dolly Tatiana, Kelly Milady o Linda Flor. La lista de los deportistas profesionales, actores y políticos nada más contiene nombres que retan la lógica y desafían el aparato fónico. Que a fulano lo bautizaron con gasolina, que a fulana le pusieron así porque los papás le debían plata al notario, no hay burla que impida que las pilas de bautismo se llenen con los baños de las Yardely y los Batman Adolfo.

Admito públicamente que me he burlado en varias ocasiones y de vareadas maneras de quienes ostentan nombres poco comunes, o comunes pero poco castizos. Nunca pensé que llegaría el día en que defendería a los sin tocayos, pero ese día ha llegado.

Una cosa es que yo me burle, pero otra muy distinta es que alguien prohíba los nombres raros. Eso es exactamente lo que hizo el gobierno español con una colombiana.

Así como lo leen.

El pasado mes de enero, el gobierno le negó la ciudadanía a Darling Vélez Salazar, una mujer de 33 años que lleva años viviendo y trabajando en España y que había solicitado formalmente la residencia permanente en el país ibérico empezó a celebrar cuando le dijeron que su petición había sido aceptada, pero que su nombre no.

El periódico español El Mundo reportó el incidente y señaló que la ley española ‘obliga a cambiarse de nombre si esa persona tiene un hermano vivo que se llama igual, si el nombre dificulta la identificación de esa persona (porque induce a error sobre el sexo), si perjudica a su titular, si la persona tiene más de dos nombres simples o más de uno compuesto, o si el nombre es un diminutivo’ y hasta hace poco, también estaban prohibidos los nombres en lengua Vasca, pero ahora son comunes.  A raíz de lo anterior, el notario le sugirió a Darling que cambiara su nombre, tal vez a uno de un santo o una santa. Darling se negó y contrató un abogado para que defendiera su derecho de llamarse así.

Puede que quiera caminar de pasaporte, pero sigue igual de colombiana.

El asunto aquí no es de si el nombre de Darling vale la lucha o la pena. Probablemente, no. El asunto es que nadie tiene por qué decidir quién se llama cómo, y menos la ley de un país lleno de Iñakis, Begoñas, Agostiñas y Bernabeús. Si por las calles de tu pueblo camina al menos una Eudoxia y un Severino, no tienes autoridad nominal para rajar de nadie.  Por mucho que me choquen los nombres que son diminutivos o palabras rebuscadas o sonidos inventados que no merecen ser llamados nombres, me cambio el nombre a Anyi para defender el derecho de que cualquier madre pueda darle el nombre que quiera a su hijo o hija.

Además, no seamos hipócritas. La burla es tan humana como el impulso por coleccionar herramientas que no se usan. Nos niños y las niñas se burlan de sí mismos y de los demás por motivos insospechados. Tener un nombre raro será la excusa, pero uno puede llamarse Juan o Juan María de los Santos Aposentos de los Mártires (nombre real de un español), que da igual. Si los españoles quieren erradicar la burla, les toca prohibir no sólo los nombres raros, sino las facciones y las características únicas. Tendrían que eliminar a los cumbambones, narizones, ojones, grandes, chiquitos, gordos, flacos, pecosos… mejor dicho, eliminar la singularidad. Un tris peligroso este sendero. Pero si defender los nombres raros es la manera de combatir la eugenesia, entonces ¡que vivan las Wendy Dayanas, los Harley Osamas y los Onedollar!

*PUBLICADA EN FEBRERO DEL 2007

4 comentarios en “No, my Darling

  1. Azul CelesteO dijo:

    Oye, precisamente ayer al dejar a mija en su escuela, la conserje le hablaba a una niña: Vaiolet! Vaiolet! Ven para acá! y en el salón de mija hay una Britney, Britany, Eimy, Johnatan, Cristopher y Brayan (o Brallan, vaya usted a saber).
    Y me preguntaba eso, ¿porqué esos nombres si no es frontera, ni nada parecido? Pero creo que no tiene nada que ver. Aunque no me guste la combinación de Naomi Pérez o Brandon López, es cierto, cada quien tiene derecho a ponerle el nombre que le venga en gana a sus hijos, así las Disneylandias, los Masiosares y los Anivdelarev tengan que luchar contra la crueldad infantil y asisitir a citas periódicas con su psicólogo. 😛

  2. zavilar dijo:

    Si, que cada quien le ponga a sus hijos como quiera y cada individuo se llame como desee.. que atrevido el gobierno español en meterse en algo tan personal y que realmente no le importa!!!

Venga opine, deje la timidez...

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