Escuela de ‘la conversa’


Català: Portada del llibre Buscant lo desconeg...

Image via Wikipedia

Es asombrosa la cantidad de malos conversadores que andan por ahí sueltos. No estoy hablando de la gente odiosa y maleducada, que no es poca, sino de las personas bienintencionadas que quieren socializar pero carecen de las nociones básicas sobre cómo conversar. Conozco unos conversadores excelentes y unas narradoras encantadoras, pero en estos días me he puesto a pensar y realmente es poca la gente con la que me iría en un carro sin radio hasta la costa. Ese, para mí, es un buen parámetro. Si uno aguanta más de una hora en un vehículo, sin radio ni cd (no hagan trampa) a punta de sólo conversa con alguien, ese alguien es una caja de música. Pero, en serio, ¿cuántos de esos conocen? Yo, pocos. Me sorprende el volumen de individuos que confunden la conversación con la interrogación y la crítica. Pobres almas descarriadas, creen que rajar y chismear y criticar y señalar todo lo que tienen de malo sus interlocutores y los cuerpos, vidas, relaciones y parientes de los mismos, es agradable. Peor, creen que están haciendo un bien. Tiene que ser así. ¿Por qué más tendríamos que soportar viejita tras viejita que cree que se le agradece que le diga a todo el mundo que está gordo, arrugado, enfermo o mal casado? Honestamente, pienso que están confundidos, y como no hay mejor remedio para la confusión que la educación, voy a proponer fundar una escuela en donde enseñemos a hacer visita. Con algo de ayuda de mis amigos y otros buenos conversadores y conversadoras, ofreceremos ‘tips’ a los asistentes para que puedan elevar su nivel de interacción y pasar de ‘vieja tan metida’ o ‘viejo tan insoportable’ a ‘qué rico hablar contigo’.

Pero mientras logramos reunir los recursos necesarios para la sede y la matrícula del ICFES, ofrezco estos consejos a los impedidos conversacionales.

Aparte de la buena dicción y un buen manejo del idioma, (por amor a Cervantes, compren un diccionario y dense cuenta de que la palabra “accequible” no existe), la herramienta más importante del buen conversador es el temario. Mi papá me enseñó que uno nunca debe hablar ni de la plata ni de política ni de religión. Yo diría que tampoco se debe hablar de la salud ni de la belleza, o falta de, a no ser que sea en términos absolutamente hipotéticos o informativos. En tales casos, se deben citar las fuentes respectivas, así “leí un artículo súper interesante en el New England Journal of Medicine sobre los beneficios antioxidantes de las fresas” en lugar de “deberías comer muchas fresas para que se te quiten esas manchas tan horribles en la cara”. ¿Ven la diferencia? Lamentablemente, muchos no. Muchas personas creen que mencionar con detalles abrumadores lo que han dormido o dejado de dormir, comido o dejado de comer, adelgazado o engordado y cómo, es agradable. Permítanme iluminarles el camino y sacarlos del error: a nadie le importa. En serio. Eso es entre usted y su médico. Al resto de la humanidad le sobra el comentario. Si no le pregunté, no me cuente. Eso va para cualquier dolor o dolencia, cirugía, tratamiento o procedimiento. Sólo mencione su estado de salud en caso de que padezcamos el mismo mal y su experiencia me sirva. De resto, guárdese el recuerdo tan celosamente como se deben guardar las trufas.

No hay que ir muy lejos para encontrar temas apropiados. Basta un esfuercito. Estos son tópicos socialmente seguros e intelectualmente aceptados: la carrera cinematográfica de Robbin Williams (ha sido chistoso y profundo, ha hecho de bueno, malo y hasta de mujer. Tema para rato); la perfección física de Bruce Willis (hay muchos ángulos que contemplar); las posibilidades culinarias del chocolate (plato fuerte, postre, frío, caliente, bebida, cubierta…); la versatilidad del café (sirve para detener hemorragias, espantar hormigas, teñir madera, como enjuague para el pelo). Por ahora, es me acabó el espacio, pero la semana entrante prometo tener un listado útil y fácil de consultar para los que no saben cómo conversar.

* PUBLICADO EN ENERO DEL 2007

4 comentarios en “Escuela de ‘la conversa’

  1. ay chavela dijo:

    Me sentí ampliamente incluida en este artículo, se que la costa es demasiado cerca para desarrollar nuestro temario, con Bruce ya nos dá hasta Guatemala por lo menos…Pero estoy totalmente de acuerdo, como buena nieta de mis abuelos e hija de mis padres me considero una genuina conversadora de las de antaño y por lo demás se que estoy en tu lista particular 😉

  2. Azul Celeste dijo:

    Me hiciste recordar, que cuando vivíamos a 4 horas de aquí, veníamos una vez al mes a visitar a nuestras familias. Eran 4 fabulosas horas de conversación, sí con la música encendida, pero al final era en lo que menos atención poníamos. Hablábamos de todo y de nada, reíamos, llorábamos, nos enojábamos a veces también. ¡Que rico poder conversar así con alguien! 😀

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