Mi confesa indiscreción


Eating's Not Cheating

Si esto fuera cierto...

No, no ¡ya te dije que no! No puedo. No me mires así. No eres tu, soy yo. Mira, hace un par de años no lo hubiera pensado dos veces pero ya no soy la misma. Ahora soy mamá y tengo que pensar en mi hijo. ¿Cómo voy a enseñarle la diferencia entre el bien y el mal, cómo voy a inculcarle valores si sucumbo ahora? La promesa de unos instantes de placer no pueden hacerme tambalear. Di mi palabra.

Claro que un poco de placer no me caería mal. Ha pasado mucho tiempo y, bueno, al fin y al cabo soy humana. La carne es débil. Yo soy débil. Siento cómo me debilito con sólo mirarte…pero no. Mejor no. Además, Jorge se daría cuenta. Me vería la cara de culpa y sabría. Pero, ¿quién es él para juzgarme? Él también lo ha hecho, estoy segura. Además, hay una gran diferencia entre ser infiel y ser desleal y yo aquí no estoy siéndole desleal a nadie.

Pero no se trata de él; se trata de mi, de mis principios, mis convicciones. Yo no quiero defraudarme a mí misma. Quiero ser fuerte. Pero también quiero ser divertida. A veces extraño esa otra yo, la yo de antes, la que reía fácilmente y no se tomaba la vida tan en serio. La que te habría dicho que sí mil veces ya. No te niego que he soñado contigo, no una sino muchas veces. Sueño con volverte a sentir pero sé en mi corazón que una sola vez podría conducirme a la ruina. Bueno, ¿será que una vez es tan grave? No del todo…sólo la puntica no más. Una probadita del fruto prohibido es bueno porque sólo el que conoce el vicio puede apreciar al virtud. Ay, por favor, estoy desvariando.  Delirio de la falta que me hace todo lo que me estás ofreciendo. ¿Cómo dejé que esto llegara tan lejos? ¿Por qué te dejé entrar a mi casa

Yo sé por qué. Porque en el fondo siempre supe que iba a rendirme. Tu también lo sabías, por eso has esperado pacientemente. Está bien. Vamos. Pero no aquí. En la cocina, donde nadie nos vea. ¡Pacito! Ay, qué delator es el sonido del empaque de papel metalizado. Ya está. Ahhhh. Fuiste todo lo que esperaba y más. Ahora me tengo que lavar los dientes y la cara para que cuando Jorge me salude no te huela en mi aliento. Debo protegerlo de esto. Él no puede saber. Y Matías está demasiado niño para entender. No, es mejor guardar este secreto, por más que me pese. Esto sólo puede pasar una vez y ya.

No, no, mañana no. Tal vez la semana entrante porque Jorge se va de viaje. Tendría que ser después de almuerzo, durante la siesta del niño. Pero ¿y la empleada? La podría mandar a comprar algo al supermercado. No, esto tiene que parar. Ya estoy maquinando y conozco muy bien este sendero. Lleva derechito al infierno. Lo mejor es dejar las cosas así. Gracias por todo. Adiós. Qué lástima, pero adiós.

Ya pasó. Nadie tiene que saber. Queda entre ustedes y yo. Pero no me juzguen demasiado duramente. Sí, hice trampa, pero una trufita de vez en cuando no le hace daño a nadie ¿cierto?

7 comentarios en “Mi confesa indiscreción

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