La doctora ya llegó


Mi día empieza a las 5 y media de la mañana, a veces antes, y mi turno puede durar hasta las 10 p.m, siete días a la semana. Sí, siete, porque no descanso ni domingos ni festivos. No tengo turno de relevo y no puedo llamar a decir que estoy enferma. Mi compromiso con mi trabajo es del 100%. Es mi prioridad, por encima incluso de mis propias necesidades. Otros pueden faltar, pero yo no. La verdad es que si yo no hago bien mi trabajo, toda la empresa se puede ver afectada.

Lo grave del asunto es que como es una empresa familiar, todo el mundo opina. Mi mamá y hermana, que han ocupado el mismo cargo, con frecuencia supervisan lo que hago. Si llegara a fallar se me vendría toda la familia encima. Pero aunque otros tengan experiencia y me dan su apoyo, a la hora de la verdad me toca a mí sola todo lo maluco. Y así tiene que ser porque no hay reemplazo ni sustito ni temporal a la vista. No es un trabajo fácil. Yo pensé cuando lo acepté que este trabajo venía con algún tipo de periodo de prueba, alguna especie de entrenamiento o algo, pero nada. Me echaron al agua sin siquiera un manual de instrucciones y mi jefe era igual de novato así que de nada servía cuando tenía dudas. Pero me dediqué con juicio y ahora puedo decir, después de varias noches en vela, que soy bastante buena en lo que hago. He estudiado bastante el tema y si bien todos los días aparecen nuevos retos ahora tengo la confianza necesaria en mí misma para saber que esto es lo que haré durante el resto de mi vida.

Se preguntarán qué cargo tengo, qué puesto exige el nivel de entrega que he descrito anteriormente. Pues para que van soy la encargada de las comunicaciones, logística, transporte, compras y adquisiciones, departamento de quejas y reclamos, relaciones públicas y alimentos. Quedaron descrestados, ¿no? No es por dármelas pero la verdad es que soy la persona más importante en nuestra pequeña empresa, pero nadie me dice “Doctora”, no tengo secretaria ni asistente personal ni chofer ni escritorio. Ni siquiera tengo tarjeta de presentación. No me pagan nada, no tengo derecho a cesantías ni vacaciones, no cotizo a pensión. Mi jefe ni siquiera me paga la salud. Y no les he dicho de cómo me trata…me grita, me da patadas, me muerde y como si fuera poco, me toca limpiarle cuanta cagada hace.

Pero lo peor de mi trabajo, lo que lo hace realmente difícil, es que cuando alguien me pregunta qué hago y yo contesto orgullosa que soy mamá, no falta el idiota que comenta: -ah, o sea que no haces nada. Esos idiotas creen que me levanto por la mañana y salgo para el spa a esperar turno para el masaje. Babosos ignorantes… pero ustedes ya saben cómo es este puesto, así que la próxima vez que sepan que alguien se dedica a esta noble tarea, díganle “Doctora Mamita” y háganlo con todo el respeto que amerita mi cargo.

Mi jefe es un pequeño tirano

6 comentarios en “La doctora ya llegó

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s