Entre la indolencia y la ingenuidad


English: Protesters gather to march against th...

Image via Wikipedia

Supongo que se habrán enterado de la marcha que hubo el jueves, 5 de julio. No sé qué pensarán ustedes al respecto, pero a mí me hizo reflexionar mucho. Para empezar, no estaba de acuerdo con el concepto en sí de marchar para rechazar el secuestro y la violencia. Las personas que llevan a cabo los actos que repudiamos no nos preguntaron si los queríamos ni nos consultaron antes de hacerlos, por lo que intuyo que no les importa que no estemos contentos con su desempeño.

La verdad, la idea de marchar me parecía medio ingenua y no pensaba unirme. Estaba en Bogotá en la 127 con avenida suba, es decir, muy lejos del centro. Salí a hacer una vuelta y comprar lechuga en el Carulla más cercano cuando me dieron las 12 del día y de repente, al menos una docena de personas que se encontraban dentro del supermercado sacaron pitos de sus carteras y bolsillos y empezaron a pitar como locos. Salí a la calle y me encontré con un centenar de peatones con pañuelos blancos ondeantes y otros tantos carros haciendo sonar sus bocinas. Hasta había un par de basset hounds con pañuelos blancos amarrados alrededor de sus arrugados cuellos que ladraban al unísono con su amo, que chiflaba y aplaudía porque no tenía pito.

No sé ni cómo ni por qué, pero la escena me conmovió casi hasta las lágrimas y fui presa de un deseo irreprimible de unirme. Embutí la lechuga en la cartera y empecé a boliar la bolsa plástica de Carulla, que era lo único blanco que tenía a la mano. Cuando entré al conjunto residencial donde me estoy quedando (ya saben, mientras consigo apartamento y todo)   y vi a un niño, no tendría más de seis o siete años, que se metió a un carro por entre la ventana y se agarró a pitar también. El niño no debe saber qué estaba sucediendo ni de qué hizo parte con su acto espontáneo de solidaridad sonora, pero aún así fue un momento emotivo para quienes estábamos allí. Y durante un instante nos sentimos parte de algo, unidos por algo. El momento no duró mucho y las manifestaciones, por lo que vi en las noticias, no duraron más de unas horas, pero la gente acudió en cantidades históricamente altas. Aún así, las personas con las que hablé decían lo mismo: “sabemos que esto no va a cambiar nada”. ¿Por qué hacerlo, entonces? Si sabemos que marchar no sirve para erradicar la violencia, ¿por qué insistimos en hacerlo? Supongo que es como cuando uno ve de lejos que alguien se cae: las personas que extienden sus manso sabiendo que no va a alcanzar es ilusa; pero las que no lo hacen son inhumanos. Sentí todos oscilamos entre sentirnos ingenuos por tener esperanza o caer en la indeferencia para evitar el dolor. Sin saber qué es peor, estando aún en la calle llamé a mi abuelo Óscar, que es el hombre que conozco que más quiere a Colombia y más siente todo lo que pasa en ella. Lo llamé a contarle lo que estaba viendo y me di cuenta de que él también estaba en la calle, allá en Pereira. Pensé que él, en todas las marchas que en las que ha participado y los minutos de silencio –ya deben sumar varias horas- que ha guardado por tantas causas, tantas tragedias, tantas muertes. Me invadió un sentido de futilidad e impotencia que casi me hace llorar de verdad, pero entonces mi abuelo me dijo “Aquí estamos, mija. Aquí estamos” y el ruido no nos dejó hablar más. Pero con eso me bastó porque después de colgar con él, ahí, en la 127 con suba, agitando mi triste bolsita plástica, entendí por qué la gente marcha. Es por la misma razón por que se reza: no para cambiar las cosas, sino para cambiarnos a nosotros mismos. Yo no estuve allí creyendo que una persona más, una bolsita más, un pito más va a hacer la diferencia, sino por estar, por participar, por evitar la indolencia, por esquivar la insensibilidad, para no olvidar y para ser parte de algo. Qué es ese algo del que se quiere se parte es decisión de cada quién. Yo, el jueves, decidí ser parte del bando ingenuo, sabiendo que no alcanzo al que se está cayendo, pero escogiendo estirar la mano de todas maneras.

 

2 comentarios en “Entre la indolencia y la ingenuidad

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s