El arte de la pereza


Uno de los momentos que más aprecio ahora que vivo sola es ese ratico por la mañana, los fines de semana, en los que puedo hacer franca y desvergonzada pereza. Hay gente, como mi papá por ejemplo, que desconoce el placer de la pereza. Como es hiperactivo, nunca aprehendió el concepto de que hacer nada es una actividad perfectamente respetable.

He descubierto que hay mucha gente que, como mi padre, no aprecian la pereza. Tal vez creerán que es sencilla, que no requiere inversión ni esfuerzo alguno, pero están muy equivocados. A lo mejor si supieran todo lo que hay que hacer para hacer pereza bien hecha, la respetarían un poco más. La logística de la pereza no es tan fácil como suena. Para empezar, hay que tener a la mano un teléfono inalámbrico, el control del televisor, el celular y todos los demás dispositivos de contacto y comunicación interpersonal a la mano, pero en una superficie aparte de la cama en donde estén a salvo de un accidente.

Además, hay que tener los teléfonos de los domicilios adecuados (la pizza es la mejor opción, pero el chino sirve también) previamente seleccionados, el dinero suficiente para pagarlos y una piyama decente para poder abrir la puerta sin pena.

Aparte, hay que saber dosificar y administrar líquidos y sólidos de tal manera que el cuerpo no sufra pero que las idas al baño sean mínimas. Levantarse más de una vez cada dos horas puede estropear la pereza. Asimismo, hay que tener una buena ventilación y un nivel de temperatura estable y cómoda. Demasiado calor y las cobijitas sobran, y si cobijitas no hay pereza; demasiado frío y da hipotermia, y la hipotermia tampoco es rica.

La parte del acompañamiento de la pereza es igualmente importante. Uno puede dormir televisión, dormir radio o dormir películas, pero debe estar preparada porque la programación normal de radio y tv de los fines de semana es pésima. Una puede ver cosas malas para reírse, pero esto sólo produce un efecto de hilaridad durante unos minutos. Después da mal genio la mala producción, y el mal genio espanta la pereza. Por eso, hay que tener reproductor de dvd o vhs y películas o cd o algo en caso de que la programación esté particularmente mala.

No se le puede olvidar a una liberar la agenda de compromisos sociales y familiares. Una llamada de la tía a decirte que el almuerzo está servido, que te están esperando para empezar a celebrarle el cumpleaños a tu abuelito podría arruinar el clima. Ah, y hay que tener una historia creíble pero no verificable a la mano, del orden de “tengo que calificar exámenes” o “estoy trabajándole a la columna de La Tarde y estoy bloqueada”. Así, no hay que entrar en detalles ni dar explicaciones de que la pereza es sagrada, yo trabajo toda la semana para darme este lujito de dormir unas horitas, eso no es pecado, etc.

Es importante recordar que la pereza requiere cierto estado físico. Sí, así es, hay que hacer ejercicios de estiramiento con frecuencia. Para esto es útil tener un gato e imitarlo, pero si no tiene felinos en su casa (¿por qué no tiene? ¡Son lo máximo!), hay que estirar cada músculo por aparte: cada dedo de los pies y las manos, los brazos, piernas y espalda con frecuencia. Esto normalmente hay que acompañarlo de sonidos guturales y exclamaciones como ¡ay!, que fortalecen las cuerdas vocales y permiten que cuando vuelva a tener contacto con otros humanos, la voz esté en perfectas y no delatadoras condiciones. Se puede hacer pereza sola o acompañada, pero la compañía requiere excelente coordinación mano-ojo-codo, de la hablaré en una próxima entrega. ¡Feliz pereza!

 

* PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DE 2007

3 comentarios en “El arte de la pereza

  1. Kosobar_ dijo:

    Genial ensayo sobre la pereza… Estoy de acuerdo contigo en que reducir la pereza a un simple pecado, como hace tu padre, es una blasfemia científica!

    En mi tierra, Cádiz, tacita de plata, dicen que somos bastante perezosos… Puedes comprobarlo tu misma:

Venga opine, deje la timidez...

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