El centésimo aniversario de la independencia íntima


Support of the bosom by a bodice (frensh: bras...

Que viva el brassiere deportivo sin varillas...

Pueden decirles puchechas, tetas, lolas, bubis, marujas, marías, melones, nenas, gemelas, u optar por los más elegantes, seno, busto o mamas, pero todos los motes se refieren a una de las características más sobresalientes y celebradas de la topografía femenina. Y todas, sin importar su sobrenombre, tamaño, forma o estado, tienen algo en común: el brassiere.

El primer registro que se tiene de una prenda íntima para los senos data del siglo VII AC y llegó a nosotros gracias a la civilización minoica de Creta, en donde la prenda era usada para las mujeres atletas. Como accesorio ‘fashion’ apareció en China, durante la Dinastía Ming, algo llamdo el “dodou”, que se considera la primera prenda íntima elitista de la historia. Pero ninguno de estos alcanzó la detestable popularidad del corsé, un dispositivo doloroso y poco saludable diseñado para contraer la cintura y levantar el busto de las mujeres que se popularizó por la nefasta influencia de Catalina de Medicis, esposa del Rey Enrique II de Francia. Cata decidió en 1550 que las cinturas gruesas y los senos naturales estaban ‘out’ y las desterró de su corte. Cuatro siglos de tortura después, nació el brassiere, que acaba de cumplir 100 años de ser mencionado en la Biblia de la Moda, la revista Vogue, en su versión para Estados Unidos. Su génesis impresa fue en 1907 y se reportó como una novedad de la aristocrática neoyorquina Mary Phelps Jacob que involucraba dos pañuelos de seda y un poco de cinta rosada. Seis años más tarde, Mary obtuvo el primer patente gracias a su invento. Con esta confección se liberaron las mujeres del reino del corsé y entraron de lleno a la vida moderna con la frente y el busto en alto.

Este aniversario ha pasado penosamente inadvertido, tal vez porque muchos desconocen la importancia del brassiere en la vida de una mujer. Encontrar el brassiere perfecto,  el que no talla y no duele y da el levante y la separación adecuados, que no chuza y no pica, que no se marca en las camisas y que no hace brotar los bananos de la axila y no impide la respiración es, bueno, es un momento casi extático. Y la comprada de ese primer brassiere es un momento que toda mujer recuerda. La vida de la mayoría de las mujeres está marcada por su relación con los brassieres y lo que ellos contienen, desde el momento en el nos damos cuenta de que están creciendo, cuando sentimos el orgullo de al fin tener suficientes para ameritar prenda propia, cuando nos medimos los brassieres de la mamá al escondido, cuando nos revisamos obsesivamente el escote a ver si se forma la arruguita en la mitad del pecho, cuando por primera vez nos percatamos de que un hombre nos está mirando bien por debajo de la barbilla y nos da pena, y cuando por fin deja de darnos pena, cuando compramos brassiers solas, cuando nos damos de regalo el primer brassiere sexy, cuando nos regalan un brassiere sexy, la primera vez que analizamos si este sí era fácil de quitar… en fin, todos esos momentos que en la vida de una mujer se relacionan con la lencería deberíamos celebrarlos.

Y si les parece banal celebrar algo tan íntimo, les recuerdo que el brassiere ha jugado un papel muy público.  Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres nos desprendimos de nuestros brassierses para apoyar la causa y las varillas representaron más de 28 mil toneladas de metal que se usaron para fabricar armamentos. Además, esta prenda sirvió de bandera para la causa feminista cuando, durante las décadas 60 y 70, se quemaron en señal de la liberación femenina. Y no se les olvide el aporte a la economía. Basta con decir que el brassiere más costoso del mundo es de 15 millones de dólares para que vean lo que le invierten a esta prenda. Creo que deberíamos celebrar este aniversario con más bulla. Propongo que irgamos una estatua de Mary Phelps Jacob, la Liberadora Femenina, e impongamos la Orden del Brassiere a todas las mujeres enaltecedoras y sobresalientes.

* PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DE 2007

 

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