De las relaciones virtuosas y virtuales


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Image via CrunchBase

He sucumbido a la tentación del Facebook. Para quienes no saben qué es eso (¿por qué no saben?¿Dónde viven? ¿Acaso aún en el siglo XX? El colmo…) explicaré que se trata de una comunidad en red que consta de amigos que después se hacen amigos de los amigos de sus amigos, que luego expanden la red hasta que uno termina de amigo del amigo del amigo del amigo, y así sucesivamente. La ventaja es que, a diferencia de la vida real, uno tiene opciones. La dinámica es más o menos así: uno utiliza el motor de búsqueda o se mete al archivo de amigos de uno de sus amigos y si encuentra el nombre de alguien así sea remotamente conocido o que le gustaría conocer, oprime un botón y automáticamente el programa le envía a esa persona un mensaje que dice “fulanita quiere ser su amiga”. Pero eso no es lo mejor. Lo mejor es que uno puede aceptar o ignorar la petición. Es así de sencillo, y sin consecuencias. Un botón y somos amigos; otro, y no. Y ya. Me encanta cómo la red ha simplificado la difícil tarea de hacer amigos.

Creerán que lo anterior fue una muestra de sarcasmo, mas no. Lo digo en serio. Últimamente me he dado cuenta de que el asunto de la administración de los contactos sociales se torna difícil a medida que una crece. Para empezar, hacer amigos nuevos no es tan fácil como lo era, digamos, en el colegio. Cuando me tocó ser la niña nueva en el colegio –y me tocó serlo no menos de cuatro veces- bastó con mi mamá me echara un postre extra en la lonchera. Buscaba a alguien de quien quería ser amiga, le ofrecía le postre a cambio de su compañía y ¡estuvo! Éramos amigas. El pequeño soborno gastronómico había cimentado lo que sería una larga y provechosa amistad (Y, claro, si no quería ser mi amiga, siempre tendría el consuelo de un postre extra). No he hecho un sondeo oficial (Si alguien conoce a Napoleón Franco…) pero me atrevería a decir que así empezaron muchas amistades que han durando toda una vida. Mi mamá sigue siendo amiga de sus amigas del colegio, y han pasado de jugar a las muñecas a jugar a las abuelitas (mi mamá va ganando), todo gracias a haber compartido el contenido de sus loncheras hace un par (guiño) de décadas.

Sin embargo, las reglas de la organización social del patio del colegio ya no aplican en la oficina. Uno no puede arrimarse a un grupo de adultos y ofrecer compartir su almuerzo a cambio de aceptación. Tal vez sea porque el almuerzo de los adultos ya no incluye postres deliciosos o quizás se deba a que ya hay que tener en cuenta variables más complejas, como afinidades políticas y psico-socio-sexo-afectivas, a la hora de decidirse por incluir un nuevo miembro a la ‘barra’. Y si la aceptación es complicada, el rechazo lo es más aún. En el colegio, la dueña del balón era la que “mandaba el juego” y era quien decidía quién podía o no jugar con su balón, y hasta cuándo. El mando del juego era una condición indisputable en indiscutible, con una autoridad que no se cuestionaba jamás. Si la dueña del balón no te dejaba entrar, lo aceptabas con dignidad. Si no querías tener que rechazar a nadie, pues nunca llevabas tu propio balón y ya.

Ahora, en cambio, uno rechaza las invitaciones a salir, no contesta el celular cuando identifica quién llama, ignora los correos electrónicos y procura no sonreír más de lo cortés cuando se encuentran, y hay gente que no se la pilla. Rechazar a alguien viéndole el blanco de los ojos es, francamente, cruel y pocos tenemos las destrezas necesarias para hacerlo de manera irrevocable y tajante. La mayoría damos vueltas flojas, sacamos excusas transparentes y evadimos cobardemente la confrontación. O bueno, yo lo hago. Por eso me pareció tan seductor Facebook… el clic es aún más fácil que el postre y menos doloroso que el balón.

*NOVIEMBRE DEL 2007

 

2 comentarios en “De las relaciones virtuosas y virtuales

  1. Azul Celeste dijo:

    Diantres Ángela! Yo aun no me dejo seducir por el Face… sigo enviciada con Twitter y Google + es un coqueto de primera que me hace ojitos a la menor provocación, así que… no creo que tardaré otro buen en hacerle caso a face…

Venga opine, deje la timidez...

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