Uebos revueltos


Recientemente he descubierto la palabra uebos y estoy fascinada. Es perfectamente castiza –significa necesidad, algo necesario, y viene del latino opus– pero parece un error, un oprobio, una afrenta. Me siento rebelde usándola. Es lo más cerca que he estado de hacer un graffiti. La adolescente en mi está dichosa.

Pero aparte de dármelas de chica mala en esta columna, quiero resaltar lo oportuna que es esta palabra. Uebos…lo necesiario…hoy, que es domingo de elecciones, es más importante que nunca que cada persona ponga bien sus uebos Me refiero, por supuesto, a que últimamente pareciera que nuestro concepto de lo necesario está un poco truncado. Cosas como la honestidad, la preparación y la experiencia han cedido protagonismo y ahora elegimos gente con… esperen, no estoy segura. ¿Con qué criterio estamos eligiendo? Porque si tuviéramos los uebos donde deben estar, no tendríamos los problemas que tenemos. Concretamente en Bogotá estamos en una especie de mandato de despacho-por-cárcel porque la vez pasada en las urnas cosas como estar bien vestido y saber usar bien el Power Point superaron otras consideraciones como la capacidad de gobernar, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, lo propio y lo ajeno, lo del hermano y lo de los ciudadanos. Y a juzgar por lo que he leído últimamente, en Pereira la cosa no está mucho mejor.
Por eso a ratos me pregunto la gente dónde tiene los uebos. No los tiene en la transparencia porque según la fiscal General de la Nación, anualmente la corrupción le cuesta al país 4.2 billones de pesos.
Y lastimosamente tampoco los tienen en votar bien porque una encuesta reciente ser reveló que solamente el 14% de los colombianos confían en la clase política de nuestro país. Lo grave es que la clase política es la que nos representa, y eso significa que la gente no confía en quien la representa. Tal vez porque la gente sabe, muy en el fondo, que a la hora de votar no está haciendo bien la tarea.
A lo mejor es la Falacia Nirvana que dice que si no podemos hacer algo perfecto es mejor no hacer nada y por eso la gente no vota, le da pereza, se va de paseo y se olvida de todo este asunto, porque ha perdido la fe en el sistema olvidando que la fe es la base misma del sistema.
O tal vez se dicen a sí mismos que su candidato o candidata no tiene chance de ganar y que es mejor no desperdiciar el voto y votan por el que creen que va a ganar para poder después reclamar los favores pertinentes.
Pero eso es olvidar el poder del voto y el compromiso con la conciencia. Mejor dicho, eso es tener los uebos revueltos. Y por eso estamos como estamos.
Por eso este domingo es clave que vayamos a votar con los calzones bien amarrados y los uebos bien puestos. Porque sino, estas elecciones nos pueden salir costando los uebos y los huevos a todos.
* PUBLICADA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011.
** Gracias por votar por mi mamá. Perdimos, pero igual muchas gracias 😉

Un comentario en “Uebos revueltos

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