La cercanía mediada


(* 4. April 1979 in Perth, Western Australia, ...

Image via Wikipedia

Esta semana anunciaron la muerte del guapísimo actor Heath Ledger, aparentemente por una sobredosis accidental de somníferos. Los detalles de su vida y muerte han poblado los noticieros nacionales e internacionales al punto que saber sobre muerte me impactó por dos razones. La primera es que me sentí vieja. Así es; vieja. Me sentí casi anciana porque cuando dijeron que había muerto a los 28 años, lo primero que pensé fue “qué pesar… ese muchacho tan joven”.

Lo segundo que me impactó fue que de inmediato pensé en su hijita, Matilda, y su ex prometida, la actriz  norteamericana Michelle Williams. Y la razón por la cual me impactó que mi mente se dirigiera de inmediato a ellas no tiene nada que ver con la lógica de la compasión humana. Es apenas natural que uno sienta pena por la viuda y la hija y la familia de cualquiera en circunstancias similares. Lo que me impactó es que yo sabía quiénes eran su ex prometida y su niña. Sabía, además, que se habían conocido durante la filmación del filme Secreto en la Montaña, de la que fue co-protagonista Jake Gyllenhall, quien estuvo saliendo con Reese Witherspoon después de que terminara su matrimonio con Ryan Phillipe, con quien tuvo dos hijos, Ava y Deacon. Me puse a pensar en Michelle, en si sus amigos de la serie Dawson’s Creek irían al funeral. Pensé en Katie Holmes, co-estrella de Michelle y casada con Tom Cruise, ávido defensor de la religión conocida como Cienciología, entre cuyos seguidores se encuentran John Travolta y su esposa Kelly Preston, Leah Remini y hasta el comediante colomiano Andrés López, que estudió sociología antes de lucrarse de hacer reír. Esa religión es la locura, por lo que pensé en qué afortunada Nicole Kidman, ex-esposa de Tom, que se separó antes de que la locura se hiciera tan evidente. Nicole, recordé, es nativa de Australia, al igual que Heath. Recordé la primera película que vi con Heath, que fue El Patriota, protagonizada por Mel Gibson, quien muchos creen australiano pero que en realidad nació en Hawai, Estados Unidos. Todo este recorrido lo hice en menos de dos segundos y con una naturalidad que me dejó perpleja. ¿Qué  me pasa?¿Por qué sé estas cosas? ¿Por qué elegí almacenar en mi cerebro semejante retahíla de datos inútiles en vez de aplicarme y memorizar de una vez el número de mi cuenta?

Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que siento que debo manifestarme por la muerte de Heath, que debería llamar a Michelle y ofrecerme a cuidar a Matilda porque siento que los conozco. Siendo perfectamente francos, sé más sobre la vida de estas celebridades que sobre la vida de mi familia extendida. Si me encañonan no puedo nombrar los padres de todos mis ex novios pero me sé los nombres de los hijos de Angelina Jolie, el nombre de la ex esposa de su esposo y hasta el ex novio de la ex esposa del esposo de… en fin, ustedes me entienden. La verdad es que gracias a Vanidades y el canal E!, me entero mucho más rápidamente de las noticias de gente que nunca he visto y que nunca voy a conocer que de mi propia familia. Y a veces, me avergüenza admitirlo, siento sus tragedias casi como las mías. Con decirles que todavía se me encharcan los ojos cuando hablo de la Princesa Diana y me siento con total derecho de regañar a Harry y William si los veo portándose mal, como lo haría con los hijos de cualquiera de mis amigas. Lo mismo con Carolina de Mónica, por quien siento una solidaridad casi rara y me provoca llamarla cada que Estefanía hace algo que deja mal el nombre de la familia. Es más, si se casan Andrea (hijo de Carolina) y Tatiana Santo Domingo (hija de Julio Mario), siento que si no me participan es una bofetada social. ¡Somos prácticamente primas! He sufrido con ese noviazgo más que cualquiera. El problema es que sospecho que estas relaciones con los famosos son como mis juegos en el subibaja con mis amigos imaginarios: un poco unilaterales. Pero si me invitan a la boda, ¡ahí mismo les cuento!

 

*PUBLICADA EL 7 DE ENERO DE 2008

Un comentario en “La cercanía mediada

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