JURAMENTO DEL MADRINAZGO


Emi

Ha nacido Emilio, mi primer sobrino. Sé que todas las nuevas tías dicen lo mismo, pero la verdad es que mi sobrino es en serio un bebé precioso, inteligente, sociable y sumamente perspicaz. A pocas horas de nacido ya se veía que estaba destinado para grandes cosas. Les juro que estoy siendo totalmente objetiva, y además mi papá y mamá (los nuevos abuelos), mis hermanas (tía y madre, respectivamente) y sobre todo, mi abuelito (ahora bisabuelo) están totalmente de acuerdo con mis observaciones, o sea que tiene que ser cierto todo lo que decimos de este milagro con nombre propio. Y como si no estuviera lo suficientemente embobada con mi sobrino, por razones del azar y el karma, Emilio es también mi ahijado.

No crean que esta es una responsabilidad que tomo a la ligera. Para nada. Es más, estoy tan emocionada con eso de ser madrina que me sentí muy decepcionada cuando busqué en internet algún juramento o ritual o algo para las madrinas y no encontré nada. Como no quiero dejar que la falta de creatividad ajena me detenga, he decido entonces elaborar mi propio juramente, el cual tomaré apenas lo acabe. Así que, para todas las madrinas y, si se quieren pegar, para todos los padrinos que quieran hacerlo, les ofrezco mi versión de:

El Juramento del Madrinazgo

Yo, (nombre de la madrina) como madrina de (nombre del bebé) juro solemnemente malcriar a este bebé. Juro darle torta de chocolate de desayuno, almuerzo y comida siempre que me sea posible. Prometo no obligarlo a comer vegetales y en cambio nutrirlo con bombones, chicles, caramelos y pistachos.

Trataré de no darle nunca regalos útiles como lapiceros, billeteras o corbatas, y en cambio darle muchas panderetas, maracas, tambores y, cuando esté mayor, una batería completa o una guitarra eléctrica.

No le diré nunca “eso no es posible”.

Perpetuaré su creencia en el Niño Dios, el Ratón Pérez, las Hadas, los Dragones, los Duendes y la capacidad de volar y hablar con los animales durante el mayor tiempo posible.

Le diré con insistencia no hay una manera ni una hora incorrecta para dormir una siesta.

Lo educaré en las artes de ver televisión, ir a cine, ir de compras.

Le enseñaré las técnicas apropiadas para comer pizza y churros rellenos de crema de avellana sin hostigarse.

Me propongo lograr que sus primeras palabras conscientes sean “en cuánto me lo deja” y “con topping de chocolate, por favor”.

Me comprometo a enseñarle a amar el idioma, a vocalizar correctamente, a tildar decentemente, a redactar y conversar hábilmente y a insultar creativamente.

Juro por todo lo que considero venerable y sagrado que este niño no conocerá la falta de originalidad ni verá jamás ridiculizadas sus ideas, sus sueños o sus teorías.

Defenderé con cada fibra de mi cuerpo su derecho a decir lo que piensa y le enseñaré a pensar en lo que dice.

Le ayudaré a hacer sólo aquellas tareas de materias que realmente sé y trataré de controlar mi impulso por decirle que dichas tareas son inútiles y que no le van a servir de nada en la vida real y que mejor vayamos a hacer galletas.

Dado que no tejo ni coso ni bordo, ofrezco a este niño mi único talento doméstico: la cocina. Soy una chef espectacular, por lo que juro por el chocolate que este niño jamás comerá pasta rosada, huevos babosos, jamoneta, galantina ni gordos.

Mientras este bebé esté a mi cuidado no tomará café de greca ni cerveza doméstica, vino de caja ni coca cola sin gas.

Hasta donde sea posible, le evitaré el sufrimiento causado por la falta de estilo y coordinación cromática, por lo que velaré por que la ropa que use combine siempre. Garantizo que este niño nunca saldrá a la calle con medias blancas y pantalones oscuros y usará sudadera sólo porque en el colegio lo obligan para hacer educación física, pero nunca como prenda callejera.

Haré lo que esté a mi alcance para que este hombrecito tenga sentido del humor.

Prometo a la sociedad y a los padres que lo trajeron al mundo que este será un hombre fiel a sus principios, aunque difieran de los míos, y defenderá sus creencias aunque sea el único que las tiene por ciertas.

Guardaré sus secretos, respetaré sus silencios, entenderé sus imprudencias y responderé sus preguntas (o encontraré quién pueda hacerlo).

Lo querré así no esté de acuerdo con él o (puede ocurrir) él no esté de acuerdo conmigo. Lo respetaré por ser quien es y le prometo siempre decirle la verdad aunque no sea lo que quiere oír.

Finalmente, por encima de todo lo demás, juro que todos los días habrá magia en la vida de esta criatura, que nunca dejaré de ayudarlo a sorprenderse, que en todo lo que haga veré algo maravilloso y que juntos contemplaremos los milagros de los que está lleno cada día.

Seré para él una fuente inagotable de humor, comprensión, sabiduría, y sobre todo, chocolate.

Bienvenido al mundo, Emilio Loboguerrero Álvarez. Es un lugar que da mucho miedo, pero aquí estoy para mostrarte que tiene muchas cosas buenas también (siempre y cuando tu mamá te de permiso).

* PUBLICADA EL 20 DE DICIEMBRE DE 2005

5 comentarios en “JURAMENTO DEL MADRINAZGO

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