¿Juguetes demasiado correctos?


Mr. Potato Head and Friends

Image by Ian Muttoo via Flickr

Empezaré por decir que sé perfectamente que la palabra demasiado tiene una connotación negativa de exceso y que no tengo el vicio irritante que tienen algunos de usarla como sinónimo de muy o mucho. No digo que alguien me cae “demasiado bien” ni que me resulta “demasiado interesante” un libro, ni mucho menos le digo a mi esposo “te amo demasiado”. Habiendo aclarado lo anterior quiero decirles que me encontré un juguete que recibió Matías de regalo hace poco que es demasiado correcto. Lo digo en el sentido anatómico pues dicho animal está…como dijera…sumamente bien dotado, aún para estándares de semental. Mi hijo curioso no tardó en descubrir el bulto e inquirir sobre él y como yo (entrenada por mi mamá que estudió Montessori y es experta en sexualidad en adolescentes y todas esas cosas raras) le he enseñado los nombres correctos de las partes del cuerpo, sin recurrir a eufemismos ni apodos, le dije qué era el bulto y pensé que lo olvidaría pronto. Lamentablemente, a Matías le pareció que el día que vino a almorzar el jefe de mi esposo era el momento perfecto para mostrarle el caballo e indicarle, con entonación entusiasta y dicción inequívoca, dónde quedaba el pene del superdotado equino.

Todos nos reímos -¿qué otra opción nos quedaba?- pero yo quedé con la duda de si estaba haciendo lo correcto, y si los fabricantes eran mis aliados o no en mi campaña para educar a mi hijo sin tapujos ni tabúes.

La verdad es que en el tema de juguetes, Matías tiene de todo; una arañita que de ocho patas con cabeza, tórax y abdomen en lugar del cefalotórax y abdomen que debería tener haciendo que luzca como una hormiga mutante; dinosaurios con mini-biografías detallando qué comían, cuando rondaron la tierra y cuáles eran sus enemigos; el Señor Cara de Papa, que tiene ojos, bigotes, zapatos y docenas de cosas más que no tiene ningún otro tubérculo…

¿Lo confunden? ¿En lugar de dejarlo jugar con la cebra y el león debo enseñarle que los leones se comen a las cebras? ¿Le debo explicar que Enrique y Beto tienen una relación especial? ¿Me hago la loca si algún día me pregunta dónde está en papá de Roo o aprovecho la historia de Kanga para sensibilizarlo sobre las dificultades que enfrentan las madres solteras?¿Y si me pregunta por qué Mickey y Minnie no se han casado?

Tal vez me preocupo en exceso. Mis juguetes preferidos eran una Barbie cin cuerpo de portada de Playboy y su Ken, que nunca tuvo ni casa ni carro propios y que tenía calzoncillos en alto relieve empotrados en sus genitales de tal manera que nunca pude verle el pipí (y admito que se lo busqué). Eso no parece haberme traumatizado mucho así que tal vez no deba esperar que los juguetes carguen con la responsabilidad de ser “correctos”. Sólo deben ser divertidos; la correcta debo ser yo. Vaya…

 

* PUBLICADA EL 16 DE OCTUBRE DE 2011

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