Multifuncionalismo tras el volante


Toyota's Futuristic car toy

Image by firepile via Flickr

No sé si ya lo había mencionado antes, pero no soy una mujer multifuncional.  Envidio a las personas que hablan por teléfono, cocinan, ven televisión, oyen radio y tejen al tiempo. Yo no soy capaz. Tengo los mismos cinco sentidos que todo el mundo, pero un solo canal para procesarlos. Tengo que ponerle “mute” al televisor para cambiarme de una silla a otra; si estoy caminando por la calle me tengo que orillar para contestar el celular o para rascarme el brazo o acomodarme la tira del brassier; me duele la cabeza cuando los noticieros tienen voz y titulares por escrito; no puedo oler y hablar al tiempo; si oigo radio y como al tiempo, la comida no me sabe a nada; si se va la luz, tampoco.  En un momento particularmente complicado de sobre estimulación sensorial, me tapé los oídos, cerré los ojos y dije “Fo, ¡qué calor!”.

Creo que tienen la idea.

Les cuento esto porque me preocupa el anuncio que hizo esta semana el Dr. Charles Spence, un psicólogo experimental de la Universidad de Oxford en Inglaterra, sobre cómo van a ser los carros en el futuro.  Para mi desconsuelo, anunció que él y un grupo de especialistas están estudiando la manera de incorporar MÁS sentidos a la experiencia de conducir un automóvil.  Nada podría ser más nefasto para el tráfico en Colombia que ponerme detrás del volante de un carro que pretenda llamar mi atención por medio de múltiples mensajes sensoriales.

Me refiero a que, para mí, los carros funcionan casi a base de magia.  Mi interpretación de las señales que envía el carro casi siempre está errada… yo creo que cuando la aguja está en “E” significa “evacúa” y cuando está en “F” creo que me está diciendo que todo está “Fabuloso”.  La primera vez que me preguntaron que si le echaban extra al carro, pensé que los de la bomba me habían dado ñapa de puros queridos.

Es más grave que eso.  Llevo manejando el mismo carro –el de mi mamá, vale la pena aclarar- hace como un año, y les juro que sólo hace dos mese descubrí cómo bajar las luces.  Fueron tantas las personas que cegué en la carretera a Marsella (en serio, lo siento) que había optado por apagar las luces cuando se aproximaba otro vehículo (no le cuenten a mi mamá) hasta que un día, de puro autodidacta, me senté en el parqueadero a moverle palancas hasta que descubrí la maniobra que había que hacer para no herir las retinas de la gente que tenía la desafortunada suerte de venir en el carril opuesto al mío.

Creo que soy la única persona a la que le pitan los ciclistas y no me avergüenza admitir  que enclochar (¿o enclutchar? Ven, ni siquiera sé cómo se escribe) me resulta más atemorizante que saltar en paracaídas.  Al menos, saltar no requiere de coordinación… sólo gravedad.  No lo he hecho porque, fijo, me pongo a mirar las nubecitas y se me olvida el detalle de tirar de la cuerdita esa.  En todo caso, el Dr. Spence y sus colegas están estudiando la manera de hacer que el carro se comunique con el conductor por medios aparte de la visión y la audición.  Piensan, por ejemplo, que los olores y las vibraciones podrían ser muy útiles para alertar a quien maneja sobre algún tipo de situación.  Por ejemplo: el carro detecta que el volumen del radio está demasiado alto, el timón empezará a vibrar, ; si el conductor está acelerando demasiado, un olor a lavanda saldrá del ducto del aire acondicionado; si el auto está demasiado cerca de otro objeto (otro carro o una columna) esa parte del carro emitirá un sonido especial.  Parece una máquina diseñada usando mis pesadillas como planos.

Para empezar, ¿cómo quieren que una recuerde todas esas señales? Ya me veo llamando a mi pobre padre “Papi, cuando huele a rosas ¿es que se me estalló una llanta o que está bajito el aceite? Oye, y ¿si está vibrando el timón, es que pisé a alguien o que tengo una puerta mal cerrada?”.  No creo que el sistema multisensorial funcione para mí.  Y tampoco creo que funcione para otra gente.   ¿Se imaginan la cantidad de accidentes que habría?  La gripa sería la culpable de miles de muertes, y la defensa sería “no olí que tenía el pare”.  En nombre de la monofuncionalidad, padecida por muchos pero admitida por pocos, mejor métanle plata al teletransportador, como el que tenían los Supersónicos, o el rayo que tenían en Viaje a las Estrellas.  Pero mientas tanto, si me ven manejando el carro de mi mamá… mejor se orillan.

* PUBLICADA EL 16 DE MARZO DE 2008

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