¿Quién da más (por una broma)?


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Image via CrunchBase

A todos nos ha pasado. Estamos en una reunión y echamos un chiste, seguros de su buena recepción, sólo para encontrarnos con el ensordecedor silencio que proviene de la falta de risa mezclada con asombro en incomodidad. Hemos contado un mal chiste, o, en su defecto, hemos contado un chiste, mal.

Asimismo, todos tenemos un amigo o amiga experto en el arte de ser bromicidas, es decir, gente que asesina los chistes. Ya saben, son los que se tiran los remates, olvidan detalles importantes, revelan los finales antes del clímax, se ríen tanto de sí mismos que no logran ejecutar la frase clave o, sencillamente, no saben contar bien el cuento y arruinan toda la experiencia hilarante para el público. Sí, todos conocemos uno, pero Max Sanders es el rey de los chistes malos, pues a él su irritante hábito le va a costar muy caro. ¿Por qué? Porque Max Sanders no contó un mal chiste en una reunión ni en una fiesta, ni siquiera haciendo fila en el banco. Su chiste fue declarar por internet que como no sabía por quién votar en las elecciones presidenciales estadounidenses, iba a subastar su voto en eBay. Bueno, como chiste no será el mejor de todos los tiempos, pero esta broma en particular fastidió tanto a los fiscales del distrito de estado de Minnesota, que han levantado cargos de solicitud criminal y chantaje contra en adolescente chancero.

El chistecito le puede costar a Sanders, de 19 años, hasta 5 años de cárcel y diez mil dólares de multas porque es un crimen ofrecer comprar o vender un voto, sin importar que se haya o no concretado la venta. El sólo hecho de ofrecer su voto para la compra (ojo pues, Doña Yidis), así no haya sido en serio, es un acto criminal y no sólo de mal gusto, según la fiscalía.

Pero, ¿merece la cárcel este payaso cibernético descarriado? Creo que si Sanders va a dar a una celda a causa de su humor mal orientado, todos estamos en riesgo. Sobre todo porque en Colombia se nos avecinan las elecciones, época propicia para toda suerte de salidas en falso. En estos tiempos electorales es cuando los candidatos más prometen (y promienten), muchos hacemos apuntes semi-jocosos, pero no creo que deberíamos temerle a la policía cada que alguien se atreve a burlarse de la democracia, que no es lo mismo que pretender burlar la democracia.

El caso es que siento que a veces el humor se toma demasiado en serio. Por alguna razón hay gente que cree que la ligereza, crucial para hacer vivible la vida, es insulsa, banal, tonta y hasta una pérdida de tiempo. No quiero sonar ‘moralejuda’, pero a veces me parece que nos estamos tomando demasiado en serio todo. La humanidad necesita relajarse un poco.

En cuanto al fiscal de Minnesota, mi mensaje es sencillo señor: si no le parece chistoso, pues no se ría, pero no persiga a los bromicidas. Cualquiera tiene un mal día y un chiste flojo no debería costarle la libertad a nadie. Hay suficientes cosas serias y suficiente gente hablando de ellas, y un chiste flojo de vez en cuando es un precio muy cómodo si lo que estamos comprando es un ratico a salvo de todo lo que no da risa.

* PUBLICADA EL 6 DE JULIO DE 2008

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