Tango del Brownie


Chocolate brownie in detail.

Image via Wikipedia

Entro sin sigilo a la sala de la casa, donde está el televisor. De inmediato me llama la atención la manera como la luz se posa sobre el papel celofán que envuelve un delicioso pedazo de trampa (en la dieta) llamado brownie. Pero lo ignoro. Me siento lejos de él a propósito, como para decirle a nadie en particular que soy fuerte y que puedo evitar la tentación de comérmelo. Pues, ¿cómo voy a comérmelo?… si he estado tan juiciosa. Esta mañana sólo le eché un poquito de mermelada al pan, y eso no vale porque era de frambuesa, una fruta exótica que mi cuerpo no reconoce y por lo tanto, no sabe tasar su valor calórico.

Así que me hago lejos del brownie y prendo el televisor. Trato de entretenerme viendo alguna comedia sonsa, pero el paso del sol por el cielo hace que el papel celofán destelle con invitadores colores. Además, algo pasa. No me puedo concentrar en la serie que trato de ver. Ya sé. Es el ángulo en el que me encuentro. La luz del sol pega sobre este lado de la pantalla, y por eso veo mal. Me tendré que cambiar de asiento. Me haré en el asiento al lado de la mesa, cerca de donde se encuentra en brownie. Pero, ojo, no me estoy ACERCANDO al brownie. Nada por el estilo. Me estoy alejando de la luz, que es distinto. Me alejo de la luz y pongo el control remoto del televisor encima del borde del papel celofán, como para decirme a mí misma que aún si quisiera alcanzar el brownie, me habría puesto una trampa. Pero entonces, el volumen no me cuadra porque cada que nos vamos a comerciales se altera el sonido. Siempre el sonido es más alto en propagandas y entonces me toca estar cogiendo el control cada ratico. Mejor pongo el control en otra parte y dejo libre el papel celofán. Trato de concentrarme de nuevo pero de reojo veo cómo la luz del sol atraviesa el papel celofán transparente y acaricia la dulce cubierta acocholatada del brownie.  Ya sé. Me como un poquito y nada más. Con unas migajas se me quita el antojo y me veo el resto del programa juiciosa. Tomo el brownie y empiezo a retirar el papel celofán, que hace un ruido infernal. Me doy la vuelta y me aseguro que nadie me haya oído, porque claro, si nadie me ve comer, no me engordo. Pellizco un poquito, porque todo el mundo sabe que pellizcar no es lo mismo que morder –cuando uno muerde, está comiendo; cuando uno pellizca, está probando- y tomo unas partículas ínfimas de brownie y me las meto a la boca. Se deshacen con deliciosa rapidez y descubre que en efecto ese poquito NO me quitó las ganas. Entonces pellizco un pedazo más grande y aprieto el papel celofán sobre lo que queda del brownie, alejo el brownie de mí y le pongo el control remoto encima, como para dar fe de que ya no comeré más. Pero entonces me doy cuenta de que lo único que me separa a mí del brownie es ese ruidoso papel celofán y ese ridículo control remoto, que yo misma he puesto allí, así que quito el control y le pelo el papel celofán y parto la mitad del brownie. La otra mitad la pongo dentro de la bolsa y le doy un empujoncito, de tal manera que ya no esté al alcance de mis dedos. Creo que esta es la solución definitiva hasta que momentos más tarde me pillo con el brazo totalmente extendido y los dedos encalambrados de hacer fuerza para atrapar así sea una esquinita de la bolsa en la que metí el brownie mientras trato de convencerme de que si no me levanto a ir por él, no estoy obsesionada. Sólo estoy mordisqueando algo dulce que me encontré ahí al ladito, que no es lo mismo que si me levanto y voy a la cocina y me hago algo para comer. Eso sí es hacer trampa del todo. Esto es darme un gustico chiquito, pero nada grave. Todo esto me lo digo mientras me disloco el hombro tratando de alcanzar la bolsa que yo misma tiré lejos. Finalmente, exhausta del esfuerzo, me convenzo de que he quemado muchas calorías en mi intento por no comerme este brownie, así que voy a la cocina, caliento la mitad que queda en el microondas, le echo una bola de helado de vainilla encima y me convenzo a mí misma que hoy nunca es un buen día para empezar una dieta. Las dietas SIEMPRE se empiezan mañana.

 

*PUBLICADA EN MUNDO MODERNO EN EL 2004

 

4 comentarios en “Tango del Brownie

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