Aberraciones gastronómicas


food ok!

Image via Wikipedia

Hay dos clases de personas en el mundo: los que comen para llenarse y los que comemos por placer. Estos últimos estamos en vía de extinción pues nuestro hábitat –el café íntimo, el restaurante de ambiente familiar y atendido por su dueño, la panadería en donde le guardan a uno pandeyuca caliente- y nuestro alimento están en peligro de desaparecer para siempre.

La culpa es de los almorzaderos rápidos cuyos menús son un memorial de agravios contra las papilas gustativas, un listado de crímenes de leso gusto.  Estos sitios se dedican a ofrecer llenura en lugar de comida y sirven pequeñas porciones de cosas tragables que ni nutren ni alimentan ni saben a nada.

Por eso, hoy he querido usar este espacio para concienciar a mis lectores del peligro en el que estamos los gourmet, los amantes de la comida lenta, la cocción pausada y la digestión con siesta. Imploro, por amor a la sazón, que me ayuden a identificar y erradicar a nuestros enemigos.

Empecemos por la pizza hawaiana. Este híbrido es un insulto a los italianos y a los hawaianos, y ahora que tenemos un hawaiano de presidente en Estados Unidos, deberíamos tener cuidado. Un mordisco de ese cartón dulcete cubierto de queso desigual que no derrite y podríamos vernos invadidos de boinas verdes financiados por la cosa nostra de la noche a la mañana. Y qué decir del  espagueti rosado. La pasta sobre-cocinada, blanda y deforme, nadando en pasta de tomate rendida con leche le haría derramar más lágrimas a Pavarotti que el final de cualquier ópera.

Otra ofensa es la salchicha rosada. Ojo, no me refiero a las clásicas salchichas Viena enlatadas. Estas son un clásico de las vacaciones, las acampadas y los recreos. Me refiero a las ultraprocesadas salchichas que no cocinan, que no cambian de color ni de contextura con nada. Las salchichas, y cualquier cosa que las lleve como ingrediente, deben ser eliminadas.

Sigamos con los postres. La natilla blanca, por ejemplo, es una aberración es típica de la capital, pues en el Eje Cafetero todavía se preserva la prístina natilla del color que es, un caramelo tostado-canelita Hollywood de lo más sexy. Pero esta otra paliducha imitación es una confección de contextura coloidal insípida y que a veces se acompaña de jaleas varias. Sabe a caja y huele a pies. Debe morir.

Despejado el camino, podremos atacar otro peligro: el panetón. De todas las cosas que trajo consigo la apertura económica, el panetón tiene que ser la más ofensiva. Este bizcocho estropajudo relleno de frutas cristalizadas sirve para exfoliar, pero definitivamente no es apto para el consumo humano.

Pero aún así, prefiero diez panetones antes que una torta de cubierta tiesa. No estoy hablando de la cubierta blanca de pastillaje de torta negra de boda. Esa nadie se la come, pero es inofensiva, se ve bonita y forma una capa hermética que evita que se evapore el vino. Me refiero a las cubiertas que forman picos tiesos pero que no se secan, esas que si se comen forman una capa grasosa en el paladar que ningún líquido disuelve. No sé qué tipo de manteca usarán pero la NASA podría usarla para cubrir los cohetes y evitar que se quemen al volver a la atmósfera.

No me queda más espacio pero les ruego que estén atentos y reporten estos depredadores cuando los encuentren. Nuestra supervivencia depende de ustedes.

 

*PUBLICADA EL 12 DE DICIEMBRE DE 2008

Un comentario en “Aberraciones gastronómicas

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