Censura divina


Wild Things: Diamonds in the Rough

Image via Wikipedia

Querido Niño Dios,

Sí, ya sé que estamos en marzo y tradicionalmente las cartas se te mandan en diciembre, pero esta es una emergencia y no sé a quién acudir. Tantos años de rezar la novena me hicieron mella con lo de que “todo lo que necesitéis, pídelo por los méritos de mi infancia” o algo así por el estilo. El caso es que necesito ayuda.

Verás, acabo de leer que según un nuevo estudio que hicieron unos científicos de la Universidad de Virginia (¿tienes a mano un rayo?), el apogeo mental ocurre a los 22 años y dura 5. Es decir que el deterioro mental arranca a los 27. A LOS 27. La disminución del razonamiento, la visualización espacial y la rapidez del pensamiento empiezan a ir cuesta a abajo de ahí en adelante.

Quiero decir, Niño Dios, ¿realmente crees que necesitamos esto ahora? No sé si a ustedes les llegue el Santísima Trinidad Times o qué, pero seguro habrán oído de la crisis. Yo sé que cosas como el dólar y el paquete de estímulos económicos de Obama y el calentamiento global no son importantes al lado de cosas como el Armagedón y planear Tu Regreso y todo eso, pero en serio… ya tenemos problemas. No necesitamos un nuevo.

Sobre todo, las mujeres.

Mira, ya con la gravedad en nuestra contra es suficiente. Después de los 27, los pezones se ponen cita en el ombligo y apuestan una carrera a ver quién llega primero, no sin antes reclutar a las caderas, los glúteos y las rodillas en esta absurda migración hacia el polo sur.  Los tobillos se convierten en un destino similar al Viejo Oeste durante la fiebre del oro, un lugar a donde todos se dirigen desaforadamente sólo para descubrir –una vez llegan- que no es el lugar soñado que todos pensaron pero ya no pueden regresar.

Eso sin mencionar que el famoso reloj biológico empieza a acosar más que la alarma del despertador y como uno lo ignora, empieza a mandar mensajes menos sutiles que los de TIGO cuando hay promoción. Las canas, las pecas, las manchas en las manos, la alegadera de la mamá que ‘nunca será abuela’ son una combinación letal para cualquier persona. Lo único, te repito, LO ÚNICO que nos mantenía cuerdas era el consuelo de que entre ‘más mayores, más interesantes’.

La verdad, todas nos consolábamos con la idea de que unos añitos de más (y los kilitos que vienen con el combo) nos hacían más intrigantes porque podíamos lucirlos como blasones de batallas ganadas. “Sí, claro,” pensábamos “ella tendrá una cintura de 50 centímetros y los senos a la altura de los lóbulos, pero YO tengo EXPERIENCIA”. Y ahora, en una cruel e irónica maniobra de la biología, resulta que NI SIQUIERA ME VOY A ACORDAR DE MI EXPERIENCIA.

Esto es más allá de lo injusto. Esto bordea lo sádico.

Por eso acudo a ti, Niño Dios, para que intercedáis por mi ante… bueno, no sé ante quién. El caso es que si no podemos revertir el efecto, ¿no podrías al menos evitar que lo hagan público?

Gracias por todo y en diciembre hablamos.

 

*PUBLICADA EL 22 DE MARZO DE 2009 EN MUNDO MODERNO

 

 

2 comentarios en “Censura divina

    • Angela Alvarez Velez dijo:

      Y eso que no te he dicho lo que la maternidad le hace a tu cerebro… remember how you laughed at your mother for mixing up your name with your sister’s? Well, get ready to joing the club!! Rápido, busca un conjuro que contrarreste el efecto!

Venga opine, deje la timidez...

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