Derrotada de local


pivot soccer

Image via Wikipedia

Pensé que tendría más tiempo. Me dije a mí misma que, si bien era inevitable, no iba a suceder pronto, que yo todavía podía controlarlo y que cuando llegara, podría hacer algo para aminorar el impacto. Pero no. Ya sucedió. Sucedió hace dos noches, para ser exacta. Estábamos Matías y yo en medio de nuestra rutina nocturna. Ya le había puesto la piyamita y me disponía a darle de comer y arruncharnos para ver un poco de tele mientras le daba sueñito y llevarlo a la cama. Y entonces dijo :

-Mami, fúbol, tele, goooooool.

Con sólo 18 meses y mi hijo ya es hincha del fútbol.

Culpo a mi marido (¿a quién más?) quien lo pone a ver partidos de la Premier League y la Champions League y la Whatever League y le da manjares mientras lo hace. No sé si sea consciente de la asociación Pavloviana que está generando en nuestro pequeño crío; no sé si mi esposo es un hincha goloso inocente o un genio malvado y maquinador que ha planeado con cautela cada movimiento sabiendo que tarde o temprano el bebé haría la conexión entre ese deporte y el jamón de cordero, los chicharrones, las crispetas, los quesos y galletas que mágicamente aparecían cuando empezaba un partido.

Conociéndolo, me inclino por lo primero.

Fuera adrede o no, el resultado es que mi hijo, mi pequeño hijito, ahora me pide ver fúbol. Y dice Millos cuando ve ese escudo blanco y azul que tanta desdicha ha traído a mi matrimonio. Y me arrebata el control remoto de la televisión y cambia los canales en busca de hombrecitos persiguiendo un balón.

He de confesar que estoy menos que entusiasmada con su nueva afición. He tolerado la viudez fútbol-inducida con un silencio digno y estoico (escribir no vale) pero la pérdida de mi bebé me pone muy triste. Yo pensé que él estaría contento de ver Frutillita y Manny y Súper Agente Especial Oso conmigo al menos hasta que se fuera para la Universidad. Me imaginaba que cuando mostrara interés por los deportes yo podría, sutilmente, cambiar el canal, ofrecerle algo con qué jugar para distraerlo o, sólo en casos extremos, pasarle choques eléctricos suavecitos para que la asociación fuera negativa.

Pero Jorge me ganó, con sus dulces y brincos y cantos entusiastas. Justo en este instante le está enseñando la frase “El árbitro está cargado”. Es curioso que todos los árbitros estén cargados siempre en contra del equipo que le gusta a mi esposo. Le he dicho que es cósmica y estadísticamente imposible que SIEMPRE el árbitro esté en su contra, pero él –como cualquier hincha que se respete- no entiende de lógica cuando ve fútbol. Si así fuera tal vez sería fan de los que ganan… pero esa ese es un tema aparte.

El caso es que me sacaron tarjeta roja, me anularon un gol, me cobraron un penalty o cualquiera sea la analogía correcta. Lo cierto es que ahora Jorge está buscando dónde ver Manchester vs Barcelona porque van a quitar la luz y “el niño quiere ver fútbol”.

 

*PUBLICADA EL 29 DE MAYO DE 2011 EN MUNDO MODERNO

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