Pique de resurrección


Aji Jalapeño Maduro

Image via Wikipedia

Hace poco la empresa australiana The Chili Factory logró producir el ají más picante del mundo, el Trinidad Scorpion Butch T, que marcó 1,463.700 unidades en la escala Scoville (para darles una idea, el jalapeño sólo registra entre 2,500 y 8,000 puntos en esa tabla). Desde que leí la noticia, no he hecho sino pensar en El Frasco del Pique de mi papá, escrito en mayúscula porque es un nombre propio pues no se trata de un recipiente cualquiera. Nada de eso; se trata de un frasco de vidrio en el que mi papá lleva varios años mezclando el Ají Perfecto.

Todo empezó con un viaje a México que hicimos hace casi 20 años. Allí, mi papá enloqueció al guía pidiéndole que lo llevar a comer cosas picantes (allá le dicen picosos) pero de verdad. El guía le sacó mango tajado con chile espolvoreado, jalapeños encurtidos, chocolate con chile y salsa brava pero mi papá se limitaba a decir -¿Y eso es lo MÁS picante que hay en México? Harto, supongo, de que un colombiano igualado pusiera en duda la reputación picosa de su país, el guía nos llevó finalmente a un restaurante de carretera en medio de la vía a Taxco. Allí, le dijo al mesero que mi papá quería algo extraordinariamente picoso. El mesero se fue dichoso y a los dos segundos había salido el dueño del restaurante. Le preguntó a mi papá si estaba seguro de querer algo tan picoso y mi papá le dijo que claro, que él comía jalapeños como si fueran mentas; que quería algo que picara DE VERDAD. Al dueño le brillaron los ojos y nos mostró un potecito de cerámica que tenía en las manos. Estaba tapado con un trapito y encima del trapo tenía un corcho. Cuando levantó el corcho, dos moscas que habían estado rondando por ahí cayeron muertas al instante. No les miento, le echó DOS GOTAS de ese ají al platado de chilaquiles de mi papá y con el primer bocado se le aguaron los ojos; con el segundo, empezó a sudar; con el tercero, se le hinchó la lengua. Lleno de felicidad le dijo al dueño –¡Gdaciad, esdto zí es picadnte! Después de eso quedaron de amigos. El señor le regaló a mi papá unas semillitas de ají que luego de camuflarlas para pasarlas por Aduana, mi papá sembró en la finca. La planta no tardó en dar frutos y mi papá los licuó con un poco de aceite, dando así origen a El Frasco.

El líquido que habita allí empezó ligeramente café pero le ha ido agregando jalapeños en conserva, wasabi en polvo, aceites varios y cuanta salsa picante le pase por las manos y ahora es de un sospechoso gris parduzco. Sólo comparte con las visitas especiales, y según él es un varonómetro porque el que aguanta más de dos goticas es un mero macho. Mi papá tiene tres niveles de pique: señoritero, como para las empanadas; guapito, que es para los aventureros; y el espantavisitas, que derrite cucharas. Creo que le voy a conseguir del ají Trinidad a ver si hace uno nuevo. Lo llamaré el Levantamuertos, en honor a la Semana Santa.

Un comentario en “Pique de resurrección

  1. Sue Valencia dijo:

    jaja! Está buenísimo! Seguro les faltó probar las tortas ahogadas de mi natal Guadalajara! Hay salsas para todos los gustos: las de jitomatito para dar sabor y de ahí para arriba hasta llegar a la salsa levantamuertos que acá se usa para después de una buena borrachera. 😀
    Me encantó tu papá! Luego nos cuentas cómo le va con el de Trinidad. Jaja!

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