De minorías y mutaciones


Wazzap u

Image via Wikipedia

Hace poco tuve una discusión un poco jarta sobre el tema de las minorías étnicas. No entraré en detalles pero yo dije que en Colombia yo era una minoría y otras personas alegaban lo contrario. Mi observación se basaba en la evidencia: tengo ojos azules y en la mayoría de los lugares a donde voy soy la única o somos bien pocos. Creo que eso hace que clasifique como “minoría” en el sentido estricto de la palabra. Los demás alegaron que el término tiene implicaciones políticas y que básicamente yo no sabía de qué estaba hablando. Me aburrí de la conversación y continué la pelea mentalmente.

Llegué a mi casa y no contenta con mi triunfo imaginario busqué argumentos en Internet y me topé con información que respalda mi posición: De acuerdo con estudios recientes, el número de personas ojiazules es bajo y además ha decaído drásticamente en este siglo. Hace 50 años los tenían la mitad de la población mundial, y hoy menos del 10% de los tiene.

Aprendí además que mis ojos contienen poca melanina en la parte anterior del iris y el color se debe a que el estroma se interpone en el camino de la luz cuando ésta es reflejada por el epitelio del iris hacia el exterior. La verdad es que no entiendo muy bien todo eso pero quería que constara que había investigado. Averigüé además que la causa de los ojos azules fue una única mutación genética sufrida por un solo individuo hace entre 6.000 y 10.000 años al noroeste del mar Negro.

¡Ja! No sólo soy minoría sino que además soy una MINORÍA MUTANTE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN. Me sentí toda intelectual y pensé en llamar al otro alegador pero ya era tarde y además el tema no daba como para tanto. Me fui para la cama y le conté a Jorge el resultado de mis pesquisas genéticas y él me preguntó que si esa mutación también era responsable de la terquedad. No era precisamente el apoyo que buscaba, pero tal vez tenga razón.

Me refiero a que todos, todos los zarcos provenimos de un individuo, unito no más, que hace años tuvo la tenacidad de reproducirse y pasar su gen anómalo a miles de descendientes. Provengo de un mutante; un mutante aguerrido (y aparentemente promiscuo porque para haber dejado tanta prole…) que en contra de todas las probabilidades dejó su estampa en la raza humana. Y ahora yo, poseedora de la indeleble huella azul y madre de otro muntantico, me siento aún más orgullosa de mi condición de minoría.

Esto de lo estrambótico podría favorecerme porque, seamos sinceros, nadie me considera una belleza exótica. Pero llevar en mi sangre –o iris- el poder de la Furia Azul Mutante me da ganas de unirme a los X-Men. Al fin y al cabo, sólo somos unos pobres mutantes tratando de sobrevivir.

Un comentario en “De minorías y mutaciones

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