El agite de la vida contemplativa


Mi padre decidió hace años que la vida corporativa ya no era para él y quiso dedicarse a la contemplación campesina. Habrá gente que cree que vivir en la finca ha significado que mi papá anda por ahí desocupado persiguiendo mariposas, pero no es así. Activo de mente y cuerpo, mi padre está más afanado que nunca. El problema es que tanta actividad tiende a desbordarse, así:

Él se levanta y sale de su alcoba con el andar de un hombre en busca de un propósito, y lo encuentra a pocos pasos. Una llave gotea. ¡Oh, emoción! Algo en qué invertir la mañana. Pero necesita herramientas. Se dirige hacia el escaparate en donde guarda sus herramientas y de camino allá nota que hay una mesa coja. No hay que preocuparse pues dado que él es Ingeniero Mecánico (para los que no sabían, esa era la Verdadera Profesión del Mesías, porque los Ingenieros Todo lo Pueden, Todo lo Saben y Todo lo Arreglan) conoce perfectamente el irrefutable principio de la Física según el cual “Toda mesa coja tiene un desnivel igual a una tapa de gaseosa o cerveza”. Hay en la finca un lugar destinado justamente para conglomerar ese tipo de bebidas envasadas, así que mi papá se dirige a la cocina y saca una gaseosa -o cerveza, dependiendo de la hora, el calor y la distancia a la que se encuentre mi mamá. Destapa la bebida y procede a beberla, descartando la tapa de manera automática. Bebe despacio, como tratando de recordar algo… y de repente, se da cuenta de que debe visitar otra parte de la casa, también elaborada con un la disposición de líquidos en mente.

En el baño, el sonido del líquido le recuerda la llave que goteaba, así que sale de allí y vuelve hacia el escaparate, logra sacar la caja roja multiniveles que guarda con más misterio que los judíos el Arca de de la Alianza (para los que no vieron Religión con Doña Gilma ni la primera Indiana Jones, es el arca donde guardaron los Diez Mandamientos) y estando a pocos pasos de la llave que gotea, suena el teléfono.

Deja las herramientas sobre la mesa, contesta y al hablar nota que el teléfono tiene un ruidito. Apenas cuelga decide “inspeccionar”, verbo que en ingeniería tiene una connotación similar a “desbaratar” en español común y corriente, y es usado generalmente como primer paso en lo que ellos llaman “arreglar”, que para los meros mortales significa algo así como “dejar inservible con partes que sobran regadas por fuera y en tal estado que la garantía sirve menos que un papel higiénico usado”.  Inspecciona el teléfono y ya está a punto de arreglarlo pero Emilio, el nieto, llega a almorzar así que todas las tareas se suspenden porque tienen que ir a buscar hormigueros y hacer una flota de aviones de papel.

Llegada la noche, mi papá está rendido, la llave aún gotea, la mesa sigue coja y se han quedado sin teléfono. La agenda está llena para el día siguiente ¡Que viva la vida contemplativa!

 

*PUBLICADA EL 4 DE OCTUBRE DE 2009 EN MUNDO MODERNO

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