Dieta embarazosa


Heme aquí sin poderme ver los pies y con disculpa para estar disfrazada de orca por primera vez en la vida y me ponen a dieta. ¡Se suponía que esta iba a ser mi revancha, mi momento de ensueño, mi fantasía hecha realidad! Se suponía que durante el embarazo iba a poder decir que estaba comiendo por dos, que decir que era un antojo era la mejor disculpa y que en vez de oír a los demás hacer la onomatopeya del chancho cuando quería repetir oiría el ‘ahhhh’ comprensivo que indica que todo lo que se hace en embarazo se perdona. Y no. Faltándome un mes para terminar, mi médico me dijo que tenía una intolerancia a los carbohidratos y me puso a dieta. ¿Cómo es posible que YO sea intolerante a los carbohidratos? No sólo los tolero, LOS AMO.

Odio estar a dieta. Y eso es en circunstancias normales, pero ¡en embarazo! (Y encima de todo ¡de cumpleaños!) es casi criminal porque una cosa es cuando uno puede decir después de una semana que se ve bien, que la papadas se fusionen en una sola y ésta se mimetice con la cumbamba, que uno deje de oír el llanto de los botones y que ya no necesite escoger entre vestirse y respirar, pero OTRA MUY DISTINTA es hacer dieta y que de todas maneras uno se siga engordando, que la gente de todas maneras lo mire a uno y le pregunte para cuándo son los trillizos y que de lejos no se sepa si uno está de frente o de espaldas porque la barriga está a la altura de la nalga y la nalga está del diámetro de la barriga.

Como no adelgazo, lo único que he perdido es la paciencia. Todo me irrita, y no es una irritación normal. No me aguanta ni mamá, que vino a cuidarme. No nos digamos mentiras, no me aguanto ni yo. Todo me produce un mal genio terrible y lo peor es que el saber que estoy siendo irracional no amedrenta en nada la irracionalidad.  Le dije a mi médico que la dieta me tenía desganada y malgeniada, así que me mandó unas vitaminas que lo único que han logrado es que me dé mal genio más rápidamente.

Pero lo más grave es el efecto que todo esto tiene sobre el bebé. Él estaba acostumbrado a cierto ritmo alimenticio y desde que empecé esta dieta se ha quejado profusamente. Creo que está pensando “A este hotel le cambiaron la administración… mejor me voy”. Temo que tanta dieta lo afecte y de adulto desarrolle patologías como el vegetarianismo o (me da susto hasta pensarlo) antichocolatismo. El médico dice, sin embargo, que nada de esto afectará de manera negativa a mi inquilino sub-umbilical y que, por el contrario, él saldrá beneficiado si el líquido amniótico no se convierte en almíbar. Entonces habrá valido la pena. Si este bebé llega saludable y feliz, ningún sacrificio será demasiado por su bien y su salud… además, como consta en documento publicado puedo echárselo en cara cuando sea un adolescente insoportablemente contestón que quiera andar en moto con una novia que tenga un tatuaje de un dragón en la frente. ¡Todo sea por ser buena mamá!

 

*PUBLICADA EL 25 DE OCTUBRE DE 2009 EN MUNDO MODERNO

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