Desorden, pánico, caos… mi trabajo ha terminado


Llevo mucho rato buscando una explicación para un fenómeno que he detectado. Se trata de que en toda familia hay al menos un la personaje (en mi familia son mujeres, pero supongo que puede haber hombres) que vive para contar que alguien ha muerto, que fantasea con el momento en el que podrá narrar un accidente o notificar de un desastre. Hay personas que realmente sólo se lucen con las tragedias y llenan sus días aguardando el momento de poder llamar a todo el mundo a esparcir un poco de miseria. Estas personas se entrenan a sí mismas con rigor, practican sus pésames, ensayan sus condolencias. Admitámoslo: hay gente que simplemente ama dar malas noticias.

Las tragedias son, lamentablemente, escasas, así que muchos de los llamados ‘sádicos sociales’ llenan sus conversaciones cotidianas con advertencias descabelladas sobre una variedad de prácticas y objetos.

Para empezar, todo, desde la coca-cola hasta la carne quemada hasta hablar por celular y acostarse después de comer, da cáncer. Lo curioso de todo es que no tienen evidencia alguna para soportar sus nefastos diagnósticos. Sin uno les pregunta –aunque es mala educación hacerlo- de dónde sacaron eso, responden con vaguedades evasivas tipo “lo leí en alguna parte” o “un médico me lo dijo”.

Pero no tener evidencia no les impide llenar de pánico a todos los presentes. Pasada la hora de las advertencias llega el momento de los diagnósticos. “No me gusta esa tos. Así igualito estaba tosiendo la tía Martha la última vez que la vi. Dos días más tarde estaba muerta” (No le parece relevante que Martha haya muerto en un accidente automovilístico) o “ojo con meterse en celular en el bolsillo que después cuando quiera tener hijos salen con deformidades. Mira que el niño de Sandrita nació con seis dedos en el pie izquierdo y ella vive con el celular en el bolsillo”. Estas son las mismas personas que han convencido a medio país de que su uno abre la nevera después de planchar, se tuerce o que el limón diluye la sangre.

Después del diagnóstico viene la cura, que también la tienen. Ellas son las que se saben todos los remedios caseros, las hierbas y las bebidas, los ejercicios y los rezos. Mientras tienen cautiva la atención de todos recetan con facilidad “ahí lo único es empezar a tomar vitamina E”.

Lo peor es que ya no tienen que esperar al velorio o la sala de espera. Gracias a internet ahora estas advertencias circulan en mensajes que son reenviados por alguien que lo recibió luego de que se lo reenviaran  sin que se conozca jamás el origen o la fuente. Entre peor lo que se diga, a más gente le llega. Mucho me temo que el e-sadismo apenas está tomando impulso. Eso me preocuparía bastante pero sé habrá personas que se alegren con que haya gente negativa y no aguanten las ganas de contarles a todos lo mal que está la humanidad.

*PUBLICADA EL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2009 EN MUNDO MODERNO

 

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