El tamaño sí importa


Admítalo. Todos lo han hecho. Empieza durante la adolescencia, a eso de los 14 años. Los hombres empiezan a notar las discrepancias en el volumen del ‘mercao’, –ese bulto que se les forma en los pantalones del uniforme y que se nota aún más con la sudadera de educación física– sienten curiosidad, buscan el metro para la costura de la mamá o la regla Faber Castel de plástico verde y un poco de privacidad.

Hablo, por supuesto, de medirse el pene, el pipí, la verga, el ‘mini-me’. Todo parece indicar que desde que encuentran la manera de burlar la pestaña adhesiva del pañal, los hombres están obsesionados con su apéndice. Se lo tocan, se lo halan, se lo muestran a las visitas, se convierte en la manecilla de su brújula corporal. Si todos los hombres estuvieran anatómicamente en capacidad de autofelarse como los perros, no volveríamos a verlos.

Los hombres son faloteístas, y la medición es parte del proceso de adoración. Es probable que todas las formas de cálculo, desde el pie Dórico de los griegos hasta la ulna de hierro de los ingleses, nacieran luego de que un adolescente le dijera a otro “oye, el mío es más grande que el tuyo” y el otro respondiera “a que no… vamos a medirnos con algo”.

Para algunos como Luis, actor bogotano de 34 años y ávido coleccionista de cómics, la medición fue su respuesta a ver uno más grande, en caso el que vio en The Flintbones. “Después de ver lo que ese tipo tenía colgando, corrí al baño, preocupado. Me lo medí y al otro día pregunté en el colegio y quedé más tranquilo”. Su preocupación era comprensible pues acababa de ver al legendario Ron Jeremy, alias ‘El Erizo’, que con sus 24.8 centímetros causa más envidia que la primera navaja Swiss Army. Pero volviendo al asunto, el colegio parece ser el escenario propicio para todos estos asuntos de ponerle centimetraje al pene. Al menos, eso dice Pedro Andrés, ingeniero de 35 años y autodenominado pornólogo “la primera vez que me lo medí fue porque hicimos una apuesta con 15 tipos del salón. Entonces, cada uno iba al baño, se lo medía y venía y apuntaba el numerito en una hoja de cuaderno y se la entregaba al juez”. Esta escena se repite en baños de colegios, oficinas y hogares por todo el país, y tal vez, el mundo. Alejandra, hincha empedernida del América y periodista de 28 años, cuenta “los hombres de mi oficina hacen concursos cada ratico. Me imagino que los que se meten en el concurso es porque tienen con qué responder. El caso es que aquí en Cali, y en todo el Valle, es muy común ese tipo de competencias y exhibicionismos, y como aquí todos tienen un negro en la familia, son felices mostrando el ancestro”. Así lo confirma Mauricio, un arquitecto payanés quien se describe en varios chats como ‘igualito a Rafael Novoa’, dice que para un concurso sólo se requiere público. “Estábamos hablando en la oficina del tema del tamaño, especulando y proponiendo teorías sobre cómo se puede saber –yo dije que el mío era como un puño cerrado encima de otro– y al otro día, todos nos habíamos medido y llegamos a comparar. No es que a algunos se les acabe la curiosidad… es que se les acaba a quién contarle”.

Pero, ¿de dónde sale esta fascinación por las dimensiones? No existe una ley universal que diga que entre más grande algo, mejor. El veneno de las hormigas, el sabor del jengibre, la ‘prenda’ del Schnapps y el olor de las heces de gato son prueba de que con poco, basta y sobra. Lastimosamente, ese principio evade a los faloteístas, quienes –a propósito– han existido siempre. Se han encontrado pinturas rupestres que ostentan penes enormes pintadas en el año 440 AC, y basta con revisar algunas deidades antiguas como Baco, Osiris y Shiva, cuyos retratos incluyen vergas absolutamente celestiales, para darnos cuenta de que el hechizo no ha dado tregua. Es más, se ha extendido y prueba de ello son el edificio Burj Dubai de 160 pisos de altura; el dibujo que hizo el artista estadounidense Jim Denevan sobre un lago congelado en Nevada y que mide 4,827 kilómetros;  el grupo de Facebook llamado ‘The Largest Group’, que pretende recaudar suficientes personas para ser mencionados en el Libro de Récords Guinness; y el programa estadounidense The Biggest Looser, en el que gente obesa compite para ver quién pierde más. Incluso los Archivos Nacionales de Washington han organizado una exposición especial para celebrar a lo grande su 75º aniversario, con objetos que además de tener un valor histórico, demuestran que el tamaño, en ocasiones, sí importa. Los zapatos de Shaquille O’neal y el telegrama más largo del mundo, de 16,543 palabras, son algunas de las piezas expuestas en ‘BIG’, que estará abierta hasta el 2010. Esta exposición no contempla algunos tamaños menos glamurosos, como la colección de cerca de 2000 figurines de Star Wars que ha amasado Rob Foster, o como sus amigos lo conocen, ¿quién? No se preocupe, si este tipo de datos le interesan, los genios creativos de TDC Games han creado el juego de mesa ‘Size Matters Board Game’, para la gente que le interesa todo lo grande, menos la diversión.

En cuanto al cuerpo, si bien la obsesión es mayoritariamente masculina, no lo es exclusivamente suya. La sumatoria de la fijación por los tamaños de las tetas, nalgas, caderas, pómulos, labios, muslos, uñas, pies, pelo y demás sin duda opacan la del pene. En otras palabras, os hombres sólo tienen una fijación intensa; las mujeres, cientos de mini-fijaciones, algunas de ellas tan ridículas como la de la actriz porno Tabitha Stevens, quien quiere hacerse liposucción en el dedo chiquito del pie, cirugía que aparte de ridícula es totalmente innecesaria en su profesión. No soy la más experta en porno pero me parece que si alguien está viendo una película de estas y se fija en el dedo chiquito de la actriz, uno de los dos -el espectador o la actriz- no está realmente comprometido con lo que tiene a la mano. Ningún hombre piensa: “Hmm, viernes por la noche, no tengo nada planeado, estoy ganoso… veamos qué hay en Venus. Ah, están dando ‘Ninfomerciales’. Pero es con Tabitha. ¡No, esa vieja es súper dedona! Mejor busco algo en Youporn.com…” Dudo que los dedos de alguien lo lleven al computador pero si se encuentra allí y necesitan distracción, busque a Maxi Mounds –talla de brassiere 42M, o a Lolo Ferrari –talla 58F. Si lo que le gustan son las piernonas, teclee Svetlana Pankatrova y vea sus esculturales 132 centímetros de piernas en tacones. y Si lo suyo es el Gluteus maximus, hay buenas noticias: no se tiene registro aún así que saque el metro y empiece a hacer trabajo de campo desde ya.

Pero volviendo al pene, esto de la medición tiene de largo y de ancho. Me refiero a que existen varios métodos para medirlo y en internet hay varios sitios que explican qué agarrar, de dónde, en qué estado, desde dónde arrancar y qué se puede y qué no se debe incluir en la cuenta para no hacer trampa ni estirar la verdad. La escena debe ser muy parecida a la del gordito que se pesa en bola, en ayunas, antes de bañarse pero después de entrar al baño y suelta primero todo el aire antes de montarse a la báscula. Pero si no logra burlar el instrumento de medición, si después de estirar, medir y pesar sus partes (aquí no se juzga a nadie), un hombre sigue insatisfecho con sus dígitos, tiene opciones. En 0.25 segundos, Google encuentra 323 mil sitios que ofrecen métodos infalibles para alargar el pene que se pueden clasificar, según mi observación, en métodos químicos (ingestión, unción y fricción de sustancias) y mecánicos (aparatos que se cuelgan, atornillan, insertan, colocan), estos últimos tan antiguos que algunas tribus africanas las practican hace un par de milenios – ¡al fin una explicación! También hay ejercicios, como los Jelg y Kegel, que prometen acondicionar el Corpus Cavernosum para que le quepa más sangre, aumentando así la longitud, el diámetro y el control sobre pene. Todos prometen dejar su pene más grande, grueso, recto y obediente. Sin embargo hay tipos avispados, tacaños y flojos que se creen dotados de una hiperagudeza mental que los exime de hacer las cosas como el resto de los meros mortales. Tal es el caso de Daniel Blackner, un enano que en agosto de 2007 intentó usar los servicios de una aspiradora, la ungió con pegante industrial y se le quedó pegada a su pene. El hombrecillo tuvo que ser llevado a un hospital de Edinburgo para que le retiraran el aparato súper-succionador. Le quedó larga la pena, no el pene. Daniel no está sólo. Cientos de miles de hombres intentan engrandecerse todos los días. No todos usan electrodomésticos pero algunos se dejan seducir por uno de los 450 millones de correos que se envían diariamente ofreciendo productos para el pene. Fíjense en Jefferey Horton, el hombre hizo de su virilidad un asunto legal cuando, en el 2004, entabló una demanda contra los creadores del Aceite VigRx, un producto que se publicita vía spam y que promete agrandar el pene, curar la disfunción eréctil y cuesta sólo USD$120. Aunque Horton y su abogado creían que esta demanda iba a crecer hasta ser más grande que la demanda a las tabacaleras, se quedaron, literal y figurativamente, cortos. Al parecer, nadie quería admitir que era, además de bruto, mal dotado.

Vale la pena aclarar que si se va a ser lo uno o lo otro, es preferible ser lo último. Pregúntenle a cualquier mujer y oirán que un pene enorme es a veces sólo enorme. Lo dice Isabel, productora de cine de 33 años y famosa por sugerir que todos los actores deberían hacer casting desnudos ‘porque les ayuda a desnudar su alma’, narra su experiencia con un superdotado “me tocó un amante que tenía la verga descomunal y cuando me la mostró la desenrolló como anaconda amaestrada. Pero pensó que con sólo mostrarla era suficiente y después me tocó a mí hacer todo con ese rompe-úteros. El tipo no puso nada de su parte. Por eso digo, mejor chiquito y picoso que largo y perezoso”.  Las mujeres sabemos que muchos hombres bien dotados no son amantes hábiles, creen que ser grandes los exime de ser creativos o que los obliga a ser bruscos, a penetrar como si buscaran petróleo, a manipular los pezones como si estuvieran buscando una frecuencia esquiva en el radio del carro y a besar como si fuéramos un helado que se va a derretir pronto. Tal vez sea porque las mujeres, técnica aunque no idealmente, sólo tenemos que estar presentes para tener sexo, mientras que los hombres enfrentan toda una miríada de posibles y embarazosos contratiempos, el más temido de los cuales es la flacidez, seguida por la eyaculación precoz. O puede que sea envidia porque las mujeres podemos tener múltiples orgasmos y piensen que el placer que ellos sienten es más intenso si lo sienten en algo más grade. A lo mejor piensan que el tamaño es una especie de póliza de seguro, cosa que si el polvo apesta, la mujer al menos salga diciendo “¡pero la tenía hasta la rodilla!” Pero nada se ganan si avergonzarían a un elefante si no tienen a quién acudir, como le sucedió a Xing, un hombre de Hong Kong de 41 años que casi pierde su pene porque, en un momento de lo que sólo se puede considerar EXTREMA soledad, decidió hacerle el amor a una banca. Aparentemente ignorante de las restricciones de la física espacial, una noche de agosto de 2008 el chino insertó su pene en uno de los orificios de una banca en un parque, y sólo después se dio cuenta de que éste había crecido y no lo pudo sacar. Los médicos y la policía, tampoco. Tuvieron que extraer la banca entera y montar a este ‘asian lover’ en la ambulancia junto con su amante metálica. Cuatro horas después, el pene de Xing ya no estaba en banca rota. El hombrecito salió intacto; su reputación, no tanto.

La moraleja de lo anterior es la misma que dejan las historias del Hindenburg y el Titanic. Es evidente que el tamaño importa, pero no el tamaño de cualquier cosa. Investigadores han descubierto que las mujeres tienen mejores orgasmos con hombres adinerados, así que entre más rico el hombre, más rico para la mujer. Además, el tamaño de la cuenta bancaria determina otros tamaños importantes como el del carro, el del jet, el del diamante que nos regala… así que ahí lo tienen. El tamaño sí importa, y que el más importa de todos es EL DE LA BILLETERA.

 

*Este artículo fue publicado en la revista Don Juan en abril del 2009.

Un comentario en “El tamaño sí importa

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s