Sobre cómo hablar de ciertas cosas


PUBLICADA EL DOMINGO 13 DE FEBRERO 2011

Esta semana varios sitios de Internet que frecuento han estado anunciando el III Congreso Internacional sobre la Lengua de la Vid y el Vino (del 6 al 9 de abril en la U de Valladolid, España, por si quieren ir). Dado que soy abstemia –me emborracho con destapar un frasco de Menticol- no me llamó mucho la atención el tema del congreso, pero sí (y mucho) la idea de que haya un congreso entero dedicado a la manera como se habla de algo.

Tal nivel de especificidad metalingüística indica que hay un público altamente especializado y obsesionado con un tema. La idea de reunirse, no a hablar sobre un tema sino a hablar de cómo se habla de un tema me resulta fascinante y creo que esto puede ser cierto para más que sólo el vino. Por diversión, me puse a pensar qué otros congresos se podrían organizar en torno a cómo referirnos a algo.

Se me ocurre, por supuesto, que habría público para un de chocolate, en donde se abordarían temas del orden de “Cómo se pronuncia ganache”, “Diferencias entre chocolate, chocolatina y esa porquería de colores que sabe a plastilina”, “Diferencia entre icing y frosting y qué importa si sabe rico”, y el más apasionante de todos “¿Es cierto que en Suiza uno abre la llave del lavamanos y sale chocolate caliente?”

Ahora, también podríamos organizar algo en torno a la terminología adecuada del sobrepeso. En ese congreso podríamos intentar abolir la palabra ‘gordita’, para empezar, y sugerir que en su lugar se usen sinónimos como voluptuosa, curvilínea, boteresca, hipo-angulosa o sub-elongada. También podríamos sugerir un renombramiento de las tallas; en lugar de L, G (generosa); XL, A (abundante); XXL, E (espléndida)… y así sucesivamente.

A raíz del reciente lanzamiento del libro La ciencia del beso, se me ocurre que ahí también hay tela de dónde cortar. Beso, pico, beso andeniado, beso esquinero,  beso esquimal, beso mariposa, beso social, beso coctel, beso aéreo… hay mucho qué discutir.

Mi esposo hace poco me sugirió que escribiera algo sobre el contenido del pañal porque, según él, hay al menos tres niveles de alerta: popito, popote y mi amor se desfondó el bebé. Aunque no creo que cómo hablar de lo que se encuentra en el pañal dé para una columna, sí pienso que se puede hablar horas sobre el uso de la palabra que él dice cada vez que abre uno. Dicha palabra es increíblemente versátil y polisémica (se puede usar como adjetivo, adverbio y sustantivo; sirve para indicar distancia, nivel de conocimiento, ubicación, disposición, ánimo, velocidad, estado de algo luego de un accidente, rasgo de la personalidad de alguien, sorpresa, resultado de algo, indicación para una actividad y descripciones varias). Ese sí que sería un congreso divertido.

Así que, si bien no voy a asistir al del vino, me apunto para el del beso y el del chocolate, sobre todo si hay degustación. A ver si se animan.

 

 

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