Mi nuevo look


PUBLICADA EL 6 DE FEBRERO DE 2011

El fin de semana pasado estuve en la peluquería. Quería que me hicieran un corte porque no iba desde octubre y ya empezaba a parecerme a un Afgano (uno de esos perros de pelo largo y liso) y además porque un año de maternidad ya estaba dejando estragos. Decidí entonces darme un lujito e ir donde el peluquero de las reinas. Me lavé los restos de compota de los cachetes, saqué los chupos del bolsillo y por primera vez en varios meses salí de la casa sin pañales en la cartera. Iba feliz.

Y entonces llegó Maurice (que se debe llamar Mauricio) y me dijo:

-Háblame de ti, mi vida.

-Pues…soy mamá- dije (le habría dicho que soy Escorpión pero si leyeron la columna de la semana pasada ya saben que eso no es una opción). Iba a contarle sobre mi amor por el dulce de grosellas que hacía mi abuela Emilia y que nadie ha podido replicar y la nostalgia que me produce pensar en ello para que supiera que soy dulce y romántica pero con tendencia hacia lo ácido e inesperado cuando dijo:

-No me digas más.

Procedió a cortar. Veía caer los mechones mojados de pelo con emoción y contemplaba mi rostro expectante esperando ver el momento “wow”. Pero después de un par de tijeretazos, Maurice dejó de cortar, se acarició los cuatro pelos que tenía cultivados a manera de barba Infra-labial y dijo -¡Listo!.

-¿Listo?- pregunté, un poco insegura.

-Sí, ya está. ¿Sí ves? Es un look sùper casual, mira, no necesita blower ni nada, sales de la ducha y te sacudes así no más y ¡zuas! Quedaste lista.

-Pero… parece…un poco…despeinado- dije titubeante. No quería insultar a Maurice (ni siquiera mencioné que no se dice casual sino informal) pero no sentía que me hubiese hecho mayor cosa.

-¡Sí! ¡Claro! Es que esa es la idea, ¿no? Que se vea natural.

-Pero no se ve natural, natural. Se ve como si me hubiera peinado con un ventilador.

-Pero OB-VI-O. Es que eso es lo que se está usando, como si estuvieras en el viento, afuera, como en la playa, fresca, joven. ¿Ves? Quedaste súper moderna, nena.

Pues habré quedado moderna pero me sentía como peinada por Matías. Todo este rollo para quedar como si me hubiera echado una cucharada de papilla y me hubiera tirado por un rodadero.  Me sentía como la Pantera Rosa después de salir del secador.

Afortunadamente apenas salí me encontré con Jorge, que me dijo sin pestañear

–Quedaste hermosa, mi amor.

Y entonces Matías me estiró los brazos y me ofreció su chupo y decidí que con la familia que tengo no me importa andar así toda ‘Desprolijo chic’. Es más, puede que me luzca y todo.

Venga opine, deje la timidez...

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