La infancia Cacú-ada


PUBLICADA EL 8 DE ENERO DE 2011

Recuerdo con nostalgia aquellas navidades en las que a uno le traía juguetes el Niño Dios (o los Reyes, o Santa Claus o quien sea). La verdad es que la navidad pierde algo de su magia cuando los regalos se tornan prácticos porque significan que el oficio de uno ya no es jugar. Los juguetes son la herramienta de la infancia, los utensilios con los cuales se construye el juego que es el meollo de ser niño.

Debe ser por eso que estoy tan preocupada por los juguetes que he visto anunciados últimamente, especialmente los que son para niñas.

No sé si hayan visto los avances que se han logrado en la tecnología de juguetes pero ahora hay juguetes que lloran, ríen, toman tetero, les sube fiebre y hacen de todo. La mayoría de ustedes pensarán que son inofensivos, pero hay un juguete en particular que se llama Cacú que, para ponerlo en términos amistosos, da del cuerpo. Es decir, da de su cuerpecito de caucho genera desechos. Mejor dicho, el juguete caga.

Varios aspectos de este muñeco me molestan, aparte del estético obvio. El primero es que alguien, en alguna reunión de alguna empresa de quien sabe qué lugar del mundo, pensó que el popó era divertido, que era algo con lo que se juega, que era algo que una niña sueña con manipular.

Lo segundo que me molesta es que la ciencia detrás de lograr que un muñeco produzca una hez debe ser bárbara. La imagen mental de un científico, dotado de la consabida bata y los lentes imperdonables, debió haber trabajado arduamente en fabricar una sustancia que luzca como excremento. El clímax de su logro debió haber sido de película, cuando al fin, con coros de ángeles de fondo, el científico gritó –¡Eureka! ¡Cacú cagó!. Yo habría dado cualquier cosa para oírlo llamar emocionado a su madre para contarle que al fin, a pesar de las dificultades, a pesar de los escépticos y los burleteros, él había hecho lo nadie había hecho antes. Probablemente me habría cacú-ado de la risa.

Pero aparte de estos dos aspectos, hay un tercero que ya es en serio y es que se está equiparando la maternidad con un juego y la niñez (de las niñas) con la maternidad. Después de décadas de la Barbie que se niega a casarse, puede elegir cualquier profesión, tiene un carro espectacular, un apartamento de lujo y cuanto Ken se le antoja, estamos retrocediendo a pasos agigantados.

Si se fijan verán que Simposio de la Adolescencia que se respete habla del problema de las madres adolescentes, de los peligros para madre e hijo cuando la distancia cronológica entre ambos es poca y de cómo evitar la epidemia. A ver… ¿qué tal si dejamos de empezar a entrenar a las niñas para la maternidad desde los 4 años? ¿qué tal si dejamos de pintar el cuidar de un bebé como algo tan fácil y divertido como jugar a la escuelita? Porque seamos sinceros, y lo digo con conocimiento de causa, cuidar un bebé no es juego de niños.

 

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s