El fin del rollo


Publicada el 5 de diciembre de 2010

El 30 de diciembre del 2010 ocurrirá un hecho histórico en la fotografía. Ese día, el laboratorio familiar Dwayne´s Photo dejará de procesar rollos fotográficos Kodachrome. Esto no parece noticioso de por sí, pero este pequeño laboratorio familiar de Kansas era el único laboratorio certificado para el revelado de Kodachrome que quedaba en el mundo, y a partir de las doce del último día de este año no revelerá más. No es porque Dwayne´s no quiera; lo que pasa es que van a sacar Kodachrome del mercado.

Y eso también puede parecer poco importante pero resulta que ese tipo de rollo fue el primer rollo de fotografía a color popular del mundo. Todos los que nacimos antes de la era digital seguramente tenemos álbumes llenos de fotos tomadas con Kodachrome. Lo más probable es que estemos ante el principio del fin de la fotografía de rollos, y la verdad es que siento un poco de nostalgia.

No es la nostalgia de quien envejece… o bueno, no es solamente eso. Es nostalgia estética porque a pesar de que la calidad de los pixeles pueda superar la de cualquier rollo, las fotos de antes tienen un misticismo que las nuevas simplemente no replican.

Tengo una cámara digital y no desconozco las ventajas de la tecnología pero hay algo de poesía en la finitud del rollo. Las exposiciones limitadas del rollo lo obligaban a uno a pensar mientras que la tarjeta de memoria facilita la promiscuidad del obturador, que luego engendra imágenes que pueblan el ciberespacio e invaden los correos electrónicos.

Por eso digo que mi nostalgia es estética, porque por alguna razón las fotos en blanco y negro de las abuelas son más románticas y las tomadas con los rollos a color de antes son más alegres. Tal vez sea porque las fotos eran más raras y la gente era más consciente del valor del recuerdo. Los cínicos dirán que la gente posaba para la foto y por eso se ve tan alegre, pero yo creo que la gente se alegraba de que le tomaran una foto. De alguna manera era un halago que alguien decidiera invertir una doceava parte de su recurso limitado en capturarlo a uno, en capturar ese momento de uno. A eso se le sumaba que había que esperar a que se revelara el rollo y eso le aportaba una dimensión de sorpresa y expectativa a la experiencia fotográfica. Hoy en día le toman fotos al amigo dormido con el celular y la montan en Facebook en cuestión de segundos. Las fotos ya no son especiales y no somos especiales en las fotos.

El fin de la era Kodachrome tal vez marque el fin de la era en la que la gente se peinaba para la foto y comienza el reinado de las fotos de gente despeinada. Bueno, por lo menos existe la posibilidad de peinarnos con PhotoShop.

 

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