Efectos del abuelazgo: estudio de caso.


Publicada el domingo 28 de noviembre de 2010

Mi mamá fue una regañadora legendaria. Dichos como “Le cambio el jajajay por el ayayay” eran el complemento perfecto para sus recursos lúdico-aleccionadores para la modificación del comportamiento (así le dicen ahora a los regaños para evitar que los niños hagan necedades)que eran sumamente originales y altamente efectivos. Por ejemplo, una vez mi hermana Lina tiró la puerta –grave error- y como castigo mi mamá la hizo abrir y cerrar la puerta cien veces sin hacer ruido. Mi mamá se sentó al lado de la puerta para contar y si a Lina se le iba la mano, le tocaba volver a empezar. Sí, definitivamente los regaños de mi mamá eran de antología.

De allí que me extrañé tanto en días pasados cuando Matías decidió que sería divertido regar el polvo facial de mi mamá por todo el baño y lamerse la brocha. Parada ahí en medio de las diminutas huellas polvorientas que dejaba mi hijo temí por la reacción de mi mamá, pero nada me pudo haber preparado para lo que sucedió cuando le conté lo que había pasado. Mi mamá sonrió (sonrisa de verdad) y me dijo -¿Y lo grabaste? Ay no, esto hay que anotarlo en alguna parte. Es la primera necedad ¡qué belleza!

Y mi papá no se queda atrás. Durante mi niñez me infundieron un temor respetuoso por el carro de mi papá. El de mi mamá era el que nos prestaban para aprender manejar y el que guardaba una colección de empaques vacíos de dulces varios, pero el de mi papá era un espacio sacrosanto en el que había que hablar en voz baja y no consumir alimento ni bebida alguna. Lógico, entonces, que cuando mi papá me dijo que iba a llevar a Matías a hacer vueltas, yo embutiera el muchachito con varios teteros, le pusiera pañales reforzados y lo vistiera con ropa ligeramente estrecha para limitarle la movilidad. Pero, oh sorpresa, cuando nos montamos mi papá le entregó una mandarina para que se la comiera en el carro. Después, cuando llegamos a CODEGAR mi papá le compró un yogur (nota: Cuando yo le estaba tratando del explicar a mi papá que facebook era un espacio para enterarse de lo que estaban haciendo sus amigos, encontrar gente que no tuviera cómo más localizar y reconectarse con viejas amistades, mi papá contestó –ah, o sea que facebook es como CODEGAR en internet) del que se regó la mitad, así que le dio una guayaba dulce. Hecha papilla esta última, ya de regreso a la finca mi papá le dio a Matías un pandeyuca, el cual procedió a babear, volver masilla y aplicar en una fina capa por toda la parte de atrás del asiento del copiloto. Cuando llegamos el carro de mi papá olía a popurrí de merienda con babas y sudor. Cuando hice el comentario mi papá me dijo: -Huele a nieto, el mejor ambientador del mundo.

Vean pues. Ahora resulta que el Eu de Nieto es perfume y las necedades son de registrar. Definitivamente, ser abuelo es una experiencia transformadora: transforma padres normales en alcahuetas totales.

Venga opine, deje la timidez...

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