Antología de teorías palurdas


PUBLICADA EL 5 DE MARZO DE 2011

Hace poco me tocó un taxista que quiso compartir conmigo sus teorías sobre la crianza de niños. He aprendido a ser medianamente tolerante (está bien, a ignorar) a quienes siente la compulsión de criar hijos ajenos y dispensar consejos no solicitados porque he llegado a la conclusión de que este comportamiento es un reflejo vestigial de cuando éramos micos y todos criábamos los hijos de todos. Simplemente se trata de gente que no ha evolucionado parejo con el resto y hay que tenerles paciencia. Pero este señor no se limitó al mero consejo inofensivo. Este ofreció sus teorías sobre el origen de varios males que achacan a los niños de hoy. Por ejemplo, me dijo que el gran culpable de muchos problemas era el plástico porque, según él, permitir que los niños jueguen con juguetes de plástico los confunde porque el plástico no pesa, y manipular objetos que no pesa hace que tengan una visión distorsionada de la realidad, lo cual –ojo aquí- produce autismo.

Yo me quedé lo más callada que pude y apenas llegué a mi casa le escribí a mi amiga Cristina, que es médica y tiene dos preciosos hijos, uno de los cuales es autista. Le conté la teoría del Dr. Taxi y ella me respondió con la teoría de una conocida suya que está convencida de que el autismo de su hijo es el resultado de haber usado demasiado cloro en la ropa de su hija mayor. No sé cuál es peor.

Ya en el tema de las teorías absurdas, me acordé de Gladys. Gladys fue nuestra empleada del servicio durante la época universitaria y era una verdadera eminencia. Ella creía que los problemas que su hija estaba teniendo en el colegio eran producto de que había sido concebida encima del colchón debajo del cual su esposo guardaba la marihuana. El que se la fumara mientras le daba tetero no importaba; el problema fue que el colchón estaba impregnado. No bien me había recuperado de esta perla cuando me dijo que el problema real había sido que a ella se le había olvidado tomar el jugo de limón ese día. Al ver mi cara de confusión me explicó que el limón es el mejor anticonceptivo natural porque todo el mundo sabe que el limón corta la grasa y “aquello” es grasoso. Llegué a imprimir un diagrama de los sistemas digestivo y reproductivo antes de concluir que no valía la pena intentar siquiera.

Pero Gladys y el Dr. Taxista palidecen al lado de una amiga de mi hermana, a quien por caridad no nombraré. Para ser amable sólo diré que lo único bueno que ha salido su cabeza es el pelo. De resto… por ejemplo, estando en la finca un día vio un ratón y gritó. – ¡Rápido, mátenlo antes de que se convierta en rata! Yo no sé si pensaba que después de eso  la evolución continuaba hasta llegar a canguro pero como también creía que Mount Rushmore era un fenómeno natural, todo es posible.

La verdad, ahí ya no hay nada qué hacer salvo rogar que Darwin tuviera razón y que la evolución sea una recta y no una parábola.

 

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