Nostalgia celuloide


Publicada en La Tarde en 24 de octubre de 2010

Empezaré reconociendo que sueno como una viejita rajando de ‘esos muchachos de hoy en día’. Tal vez sea porque el lunes cumplo años -valga la autopropaganda- pero constantemente me oigo a mí misma decir “no hay nada qué ver”. Últimamente, las escasas veces que la maternidad me da tiempo suficiente para estar quieta viéndome una película, termino en canales que pasan filmes viejos, mucho blanco y negro y una que otra película ochentera que ahora son de mejor familia y en lugar de ser retro tienen estatus de clásicas (no saben cuánto me deprimió ver que Lobo Adolescente con Michael J. Fox era “el clásico de la semana”).

El caso es que las películas de ahora, con contadas excepciones son de puros muchachitos pálidos y trágicos con crisis existenciales que empiezan en primaria con tramas enfocadas  hacia la  venta de mercancía y la procreación de secuelas.

No es sólo percepción mía. Silvester Stallone (¡Ja! Apuesto que pensaron que jamás iban a ver al viejo Sly como referencia en una columna mía) recientemente llamó a todos sus amigos actores que alguna vez interpretaron papeles de típico héroe americano –Bruce, Arnold, Dolph, etc.- e hicieron  una película llena de los referentes emocionales que hicieron grande el cine de acción. Escenas de explosiones y balas y hombres tan musculosos que parecen otra especie (homo musculus matralletus) perpetuamente sudorosos y sucios que en contra de toda adversidad logran triunfar en nombre del honor –o algo así por el estilo. Este no es necesariamente el tipo de película que más me guste pero entiendo por qué ha sido una de las más taquilleras de la temporada. La gente, al menos la de mi generación, extraña el cine escapista que gira en torno a tramas improbables que parten de la idea de que cualquiera puede ser un héroe y donde los buenos ganan y los malos pierden y el chico obtiene a la chica y billetes de cien dólares caen del cielo porque nos gusta escapar de la realidad.

Woody Allen se preguntaba en una entrevista reciente si no serían los productores del cine escapista los que aportaban más a la sociedad, comparados con los del drama político y las películas diseñadas para hacernos pensar, pues al proporcionarnos un “tapo” nos dan la posibilidad de refrescarnos mental y emocionalmente, nos hacen sentir bien, aunque sea una sensación artificial que nace como reacción a algo que no está sucediendo, versus los documentales que nos obligan a ver la cruda realidad y a tomar consciencia y todas esas cosas.  Serán pocas las veces que diga esto, pero creo que Woody y Sly tienen algo en común conmigo: me gusta el cine comercial tonto. De vez en cuando cae bien una película “seria” pero la verdad es que yo pienso todo el día y cuando veo cine o televisión, lo que quiero hacer es descansar y no estresarme porque Bella y Eduard no pueden estar juntos. Por mí, que llegue Sly y acabe con todos esos vampiros paliduchos.

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s