Los detalles que delatan


Publicada el 19 de septiembre de 2010

Hace poco hablábamos Jorge y yo de lo mucho que ha cambiado nuestro apartamento desde la llegada de Matías. Tenemos protectores de esquinas en las mesas (a Matías le parecen deliciosos y de todas maneras se pega en las secciones desprotegidas, pero salen con el tapete así que decidimos dejarlas), tapete-rompecabezas en varias partes de la casa, hay un coche la sala, una silla para bebé en el comedor y un monitor en cada cuarto. Pero no sólo nuestra casa ha cambiado; nosotros desde hace 9 meses hablamos en un perpetuo susurro que irrita a casi todo el mundo y yo no le volví a dejar el volumen a mi celular, así que cuando lo prendo, que es bien eventual, queda en vibración y muchas veces no lo oigo. No volví a usar cartera porque siempre salgo con la billetera en la pañalera y Jorge ya no tiene monedas sino galletas especiales para la dentición, anillo para rascar encías y pañitos húmedos en los bolsillos.

Los accesorios son una gran parte de la paternidad, y junto con la preocupación son las constantes de la crianza. Para quienes aún no tienen hijos, ya tuvieron hace rato y se les olvidó, o decidieron vivir bueno y tener gatos, les daré un cursillo en el tema.

Si tienes papilla en el pelo, chupo en el bolsillo y te preocupan los dientes y los sólidos, tu hijo tiene menos de un año.

Si tienes sopa en el pelo, juguete en el  bolsillo y te preocupa el escándalo en el almacén porque no compraste todos los juguetes, tu hijo tiene entre 2 y 4 años.

Si tienes pintura y pegamento en el pelo, un paquete de galletas y una bolsita con zanahorias en el bolsillo y te preocupa ‘la socialización adecuada’, tu hijo tiene de 5-7 años.

Si tienes escarcha en el pelo, un libro de crucigramas en el bolsillo y te preocupa que esos amiguitos no sean de buena familia y sí será que ve las películas que yo le digo que vea y no se mete a una película para 18 apenas lo dejo en el teatro y qué pereza ahora me toca sentarme en esta banca dos horas mientras salen porque yo lo llevo y lo traigo pero en el centro comercial ni me dirige la palabra, tienes un hijo de 10-14 años.

Si tienes canas prematuras en el pelo, un folleto de Escuela Militar en el bolsillo y te agarras la cabeza constantemente preguntándote en qué pudiste haber fallado si hiciste todo lo que los libros decían que hicieras, tienes un hijo adolescente.

Si tienes algo de color en el pelo, un folleto para un crucero en el bolsillo y haces fuerza cada semestre para que no se cambie de carrera porque la cuenta de ahorros no da para más bobadas, tienes un hijo universitario.

Y finalmente, si tienes sólo unos pocos pelos negros en la cabeza y estos están llenos de babas, un dibujo ininteligible en el bolsillo, una pulsera de pasta corta en la muñeca, un corazón dibujado en la mejilla con colorete y una sonrisa permanente, felicitaciones.  Lo peor ya pasó: ¡eres abuelo!

Venga opine, deje la timidez...

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