Crisis posmoderna


Publicado el 17 de octubr

En estos días tuve lo que se podría denominar un momento de choque con la posmodernidad. Estaba tomando de una botella de agua me fijé en la etiqueta. “Agua desmineralizada”. Hasta ahí nada raro, pero abajo rezaba “adicionada con minerales para mejor sabor”. Ajá. Entonces, primero le sacan los minerales y luego le meten otros minerales. Interesante. Exactamente qué le adicionaban para mejorarle el sabor (¿más H? más O?¿extracto de piedra para que sepa a río?) porque a mí sólo me supo a agua, pero el cuento de que había que echarle algo al agua para que supiera más a agua y que tuvieran que imprimirlo en la etiqueta para que alguien con sed se dijera a sí mismo “voy a elegir esta marca porque seguro esta agua sabe más… a agua” me hizo recordar unas macetas que vi hace poco en uno de esos almacenes de decoración donde todo es divino y le cobran a uno hasta el saludo. Allí, en medio de las mesas  súper modernas, había una serie de macetas en acero inoxidable con pasto. Ellos lo llamaron “potted grass” pero era, al fin y al cabo, pasto. La gente paga por tener pasto en la casa pero no sale al pasto de verdad. Igualmente, compra ambientadores que huelen a flores pero no tienen flores de verdad porque no quieren lidiar con el problema de los pétalos secos y tender que cambiar los floreros, y además tienen purificadores de aire y extractores de olores que eliminan cualquier rastro de olor natural; compran velas que huelen a mar y sales de mar para la tina para que cuando estén en el jacuzzi sientan como si estuvieran en la playa pero no van a la playa porque le temen a los rayos UV. La gente mayor se tapa las canas, que son naturales y todo el mundo las tiene, y se pinta rayitos rosados y fucsia y algunos tonos de naranja que hacen abochornar a cualquier zapote y se inyectan botox en las arrugas y se ponen lentes de contacto rojos mientras que los jóvenes saben más de las intimidades del vampiro promedio que de cultura general. Y todo mientras me tomaba mi agua desmineralizada con sabor a agua.

Puede parecerles un poco exagerada mi epifanía pero algo me preocupa de que la gente le crea más a Nostradamus que a los noticieros (los noticieros tienen la culpa, no Nostradamus) y que nos enfrentemos a situaciones tan absurdas como que el que decide quién está vivo o muerto no es Medicina Legal sino la DIAN.

Me di cuenta, entre un trago y otro de mi agua con sabor a agua, que necesitamos comunicarnos, ponernos de acuerdo, hacer que todo esto tenga sentido otra vez… si es que alguna vez lo tuvo. Voto por que empecemos con hacer un cargador universal para todos los teléfonos celulares del mundo en lugar de 8000 cargadores diferentes con los cuales uno se encarta después de cambiar de celular y que no sirven para nada más. Lo segundo es eliminar los especiales sobre lo “acertado” que era Nostradamos y elevar la calidad de los noticieros. Y después hablamos del agua.

 

e de 2010

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