Los Galanazos criollos


Todos los hemos visto. Se contonean con el ‘tumbao’ de quien siente que todas las miradas le pertenecen, miran a diestra y siniestra con el ojo entreabierto y la ceja levantada, se guiñan el ojo a sí mismos cuando entran en contacto con cualquier superficie reflectora y sonríen sin motivo aparente.  Son los galanazos, hombres que conciben las relaciones interpersonales como un campo de batalla -y en su caso, el buen gusto es el enemigo. Perfeccionan su técnica invirtiendo grandes sumas de tiempo y dinero en adquirir los ademanes y accesorios necesarios para la conquista. Los hay de varios estilos.

El Guisoide: Es el hombre de estrato 5 o 6 que piensa que es chistoso hacerse el guiso. Por razones que ningún científico ha podido esclarecer, creen que a las mujeres nos derrite el ocasional ‘Mami, supersona está re-güena’. Aclaremos algo: una montañerada de vez en cuando no se le niega a nadie, pero cuando en su colección de CD sólo hay Johnny Rivera; cuando su carro parece haber salido de un reality llamado “Enchúlame el Mercedes”; cuando va a los asaderos y pide gallina premiada con huevera y refajo Premium (con Pony),  usted es oficialmente un Guisoide. Pero, ojo, si usted le añade el sufijo ‘oso’ a todos los adjetivos (elegantoso, calidoso) o ‘azo’ para los sustantivos (amigazo, carrazo) y si contesta con ‘sisas’ o ‘nonas’, sumercé ya no es guisoide sino guiso. Háganos un favor: salga de clóset social y lidere el primer Guiso Pride Parade luciendo orgullosamente su manga sisa y el motilado de la Selección mientras todos decimos “yo siempre supe…”

El Inspector Gadget: Este es el galán más tecnofílico. Le encantan los juguetes y tiene vibradores, esposas, lazos, máscaras, látigos, versiones eróticas de juegos de salón (porno-polio, Vegas strip poker), videos y compilaciones musicales especiales para el encuentro sexual. Miren, todas apreciamos el lema de Semper paratus, pero en serio, con que tenga dos clases de condón nos basta. Todo lo demás es como un acto de prestidigitación… nos quiere distraer para que no nos fijemos en lo obvio. Además, después de que uno ha jugado con todos esos gallos, el coq mayor puede parecer un poco decepcionante, como montar en las tacitas giratorias luego de haber estado en la montaña rusa.

El actorcito: Este es el hombre que nos  mira con cara de “Hola, fan” y pretende seducirnos con frases de películas, versos famosos y letras de canciones de Ricardo Arjona. Su alcoba está llena de espejos para verse desde todos los ángulos y que le permiten guiñarse el ojo a sí mismo. Sus método son los juegos de rol (Tú eres la enfermera necia y yo el soldado ciego. No, mejor tú la ama de casa y yo el ladrón con suerte. O tú la guardia de prisión solitaria y yo el prisionero complaciente…) y normalmente hay libreto y videograbadora de por medio.

El Amante de Alto Rendimiento: Fáciles de distinguir por afición a las estadísticas, este galán exige informe de rendimiento después de cada polvo, lleva la cuenta de cada orgasmo, siempre está echándole en cara sus logros a los amigos y lleva una detallada bitácora de sus logros.  Los extremos gustan de sexo con riesgo: en el ascensor, en el baño de la casa de los amigos, en el transporte público, en los parques de diversión, en los teatros… en fin, el lugar es más emocionante que el polvo en sí. La verdad es que si necesita buscar fuera de la cama para encontrar la emoción, debe ser porque no es muy emocionante en la cama.

El Narrador Omnipresente: Enamorado del sonido de su propia voz, empieza con “te voy a hacer el amor hasta que grites ‘ya no más’ y te voy a tocar y vas a gemir y te vas a venir y” y, y, y… ¡y ya! hágale a ver y deje de anunciarse como promoción de supermercado de vereda. Lo que dicen los artículos de revista de viejas es cierto, nos gusta la estimulación auditiva, pero después de un rato son como el CD de Scarlett Johansson… uno espera y espera a que se ponga bueno pero después de un rato uno se cansa de esperar y quiere cambiar de pista.

El Bo-Bu: Este mote cariñoso representa al Bohemio-Burgués o ‘mamerto de Chevignon’. Ya saben, el que usa mochila terciada pero anda en zapatos Rockport o que tiene boina comprada en The Manhattan Hat Companay. Este es el tipo que se las da de elevada consciencia social y sensibilidad humana, saluda a todas sus amigas de abrazo mecido acompañado del un efusivo “hola, mujer”, ofrece a sus invitados aperitivos de aguardiente chilled servido en copa biselada, fuma en pipa de tagua y se sabe todas las de Silvio. Usa las palabras ‘tré’ y ‘molto’ como superlativos, cree que el cuello tortuga y la gafa redonda le dan aire de profundo y con frecuencia defiende al vegetarianismo, alegando que los carnívoros son salvajes y poco evolucionados, pero considera que el carpaccio y el jamón serrano no valen como carne porque son europeos.

El Tony de gimnasio: Este es el Macho Alfa por antonomasia. Es difícil ver uno vestido de civil porque su hábitat natural es el gimnasio del barrio pero en las empresas son los fundadores del equipo de ‘micro’ o la liga de bolos. Se ejercitan cada que pueden, usan abundante gel para parecer siempre recién salidos de la ducha y de deja el ‘candado’ o se hace algún tipo de diseño con el vello facial. Se visten bien sea con ‘jersey’ de malla sin mangas tipo fútbol americano o con camiseta o camisa pegada al torso, envidiando en secreto el corte del ‘body’ que se gancha en la entrepierna. Tienen ‘gallada’ propia, les dicen “tigre” o “champion” a todos los hombres, mientras que a las mujeres no las bajan de “linda” o “guapa”. Dan cátedra sobre cómo reducir el índice de grasa corporal y las mil y una maneras de flexionar los bíceps realizando actividades cotidianas. Se nutre a base de Red Bull o su versión hogareña (batido de agua de panela con huevo) y se sabe el valor calórico de todos los ingredientes de lo que uno se está comiendo, y no duda en decirlo. Vive posando para la portada imaginaria de alguna revista tipo Men’s Health o Músculos y Motores.

El Orient Express: Minimalista y veloz. ¿Necesitan más señas?

Esta lista es sólo una aproximación tentativa, pero pueden ser más. Usted podrá distinguirlos porque andan por ahí creyéndose más apetecidos que Alka Seltzer el 1 de enero sin saber que la gente se burla de ellos en todas las fiestas y que las únicas mujeres que salen con ellos son víctimas de una burla cruel o están pagando una promesa.

 

*Esta columna fue publicada originalmente en la revista Don Juan bajo el pseudónimo Maria Medea. ¡Pero soy yo!

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