Volumen


Jorge me dice que hablo en voz demasiado baja. Con frecuencia tenemos malos entendidos porque, según él, hablo pasito, aunque yo creo que lo que pasa es que él, como todos los hombres, tiene sordera selectiva.

La sordera selectiva masculina consiste en no oír cosas como -hace falta pagar la cuenta de la luz, y en cambio detectar a kilómetros de distancia la palabra “gol”. Claro que la palabra “gol” rara vez se susurra, lo cual podría explicar por qué no pasas inadvertida.

Pero no era sobre la cuenta de la luz que hablaba justamente esta mañana cuando no me oyó. Le estaba diciendo lo feliz que era a su lado, lo mucho que lo amaba y cuán bello es nuestro hijo. Esas, por ejemplo, son palabras que requieren el susurro, que claman por la voz suave  porque no se puede, no se debe decir que se ama en el mismo tono ni el mismo volumen que se dice que se ha acabado el papel higiénico. Esa es una frase que se grita con urgencia, con notas de pánico y timbre de alarma.

El amor, sin embargo, es un sentimiento que suscita el murmullo. El riesgo que se corre es que en lugar de un “yo también te amo” uno reciba a cambio un “¿que quién te llamó?”.

Venga opine, deje la timidez...

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