Viringos de la dicha
24/11/2011 § Dejar un comentario
¿Alguna vez han oído esa expresión, ‘estoy que me empeloto de la dicha’? Yo tampoco. Debe ser porque no existe. Bueno, no existe el dicho, porque la acción de empelotarse de la alegría parece ser bastante común. No en mi casa ni en mi familia, quiero aclarar, pero sí en los escenarios deportivos.
Ahora que mi esposo asume el control del televisor, me ha tocado ver varios partidos de fútbol a la semana, los que he aprendido a apreciar por su vasto contenido educativo. No lo digo con sarcasmo. Bueno, tal vez un poco… pero en realidad he aprendido mucho viendo fútbol. He aprendido sobre la estética deportiva, sobre todo en el área de la distribución capilar facial y craneal. He concluido que entre más famoso el individuo, menos simétrico es su motilado. No sé aún si es el mito de Sansón y su melena o un cromosoma en común con los gallos lo que hace que cuiden tanto su cresta, pero lo cierto es que la fama hace maravillas con el pelo de los deportistas.
También he aprendido mucho sobre la lengua española. Al parecer, Gabo, Daniel Samper Pizano y Juan Gossaín son apenas unos aprendices, tímidos exploradores de la potencialidad del idioma al lado de los narradores deportivos que sentencian sin titubear que “este joven tiene muy buen registro en cámara y su liderato fubtolístico está muy bien aspectado en el dominio que este deportista está performacionando con el esférico”. No me lo estoy inventando. En serio dicen eso.
Pero tal vez lo que más me ha sorprendido de mis sesiones de investigación futbolística –debo fingir que estoy haciendo una investigación sociológica o no logro ver más de dos minutos seguidos- es el campo del exhibicionismo eufórico-inducido. Me refiero a que cuando un jugador mete un gol, de inmediato procede a levantarse la camisa, acto que con frecuencia imitan los asistentes en el esatadio y, temo, algunos espectadores en sus casas. A veces es más que sólo levantarse la camisa. Esta semana vimos la final de la Copa Nissan, que se disputó entre los equipos América de Méjico y Arsenal de Argentina. Aunque el América metió más goles, ganó el Arsenal (es algo así como lo que sucedió entre Bush y Gore, pero sin las corbatas). En el instante mismo en que el árbitro colombiano Óscar Julián Ruiz indicó con un pitazo que el encuentro había terminado, empezó en strip-tease. Varios jugadores perdieron sus camisas y más de uno quedó sin pantalones. Estoy hablando en serio. Al menos dos jugadores quedaron en calzoncillos. Y no bóxer, sino tanga narizona, una roja y una azul. Estando en bola se abrazaron, le dieron picos a la copa, corrieron por la gramilla agitando los brazos y brincando unos encima de otros. Fue un espectáculo similar al que seguramente vieron los griegos en las Olimpiadas originales, que se disputaban en traje de Adán. Tal vez sea por eso, porque la memoria genética existe y en alguna parte de los deportistas de hoy sobrevive un gen con la información que relaciona el deporte con la desnudez de sus ancestros esculturales. O tal vez sea porque ellos tienen un cromosoma que alerta al cuerpo de la necesidad de oxigenar las tetillas cuando se siente felicidad. O a lo mejor es porque quieren estar más cerca de Dios y sienten que deben estar como Él los trajo al mundo. O quizás sean simples exhibicionistas. El caso es que los jugadores de fútbol son los únicos que yo haya visto que asocian el triunfo con la embiringada. He visto transmisiones en vivo de los Premios Óscar, los Nóbel y hasta los TV y Novelas, y hasta ahora no he visto a nadie correr por el escenario liberando sus pectorales de las construcciones de la ropa. Sólo en el fútbol. Eso de empelotarse de la dicha debe estar ligado a la estética del pelo largo atrás y cortico adelante. A lo mejor es causado por un daño cerebral que ocurre cuando “el esférico” les pega en la cabeza.
En el altar de “la pecosa” (o el Fútbol como religión)
20/08/2011 § 2 comentarios
Esta semana estábamos Jorge y yo viendo un partido de fútbol. Al finalizar mostraron a los hinchas del equipo perdedor y estaban realmente deshechos. Comenté que esas personas estaban reaccionando de manera desproporcionada a algo que, en últimas, era una puesta en escena. Al fin y al cabo, razoné, el fútbol no crea nada; es un acto, como el teatro o el baile.
O…grave error.
No bien había terminado de expresar mi teoría cuando el Defensor del Fútbol brincó y me dijo:
-Si el fútbol se parece a algo, es a la religión –dijo, medio indignado.
-¿A la religión?- exclamé con incredulidad. –Ahí sí estás exagerando.
-Pues no me parece. El fútbol mueve mucho a la gente. Y existe el Maradonismo, que es una religión reconocida. Ellos tienen curas y la gente se casa. El que oficia la ceremonia está vestido de futbolista y hay un balón… –dijo Jorge
-Sí, pero para algo sea una religión tiene que tener unas características. Eso no es así como así. Implica una verdad revelada, un pueblo elegido, un lugar de culto, unos rituales, una simbología…
-Ah, pues el fútbol tiene todas esas cosas. Mira, se juega los domingos, que es un día sagrado. Y el estadio es como el templo. Además, los uniformes son trajes especiales, llenos de símbolos. Los curas tienen sus uniformes y los jugadores también. Y el árbitro, ese es como el obispo. Y la FIFA es como el Vaticano.
Empecé a decirle que los símbolos de los uniformes no eran tan sagrados porque eran los logos de los patrocinadores, pero él no me dejó interrumpir. Miré con una mezcla de sorpresa, risa y admiración a mi esposo, que se iba dando coba él mismo y a medida que su argumento se solidificaba, iba gesticulando y poniéndose rojo de la emoción.
-Además, tu hablas de un pueblo elegido. Pues bien, cada hinchada se siente como el pueblo elegido. Los hinchas de Millos sentimos que conocemos una gran verdad y esa verdad es que Millos es el mejor equipo del mundo. Y eso lo sienten también los de Santa Fe y los del América y todos. Y el amor por un equipo puede desatar guerras, al igual que las religiones. Además, uno puede decir que las barras son como las oraciones porque riman y se dicen con mucha fe y a veces obran milagros. Incluso hay simbología porque las tarjetas amarillas y la roja y todo eso tiene una historia, un significado muy profundo. Los futbolistas se echan la bendición antes de salir al campo…
-Claro, y el fuera de lugar es casi tan misterioso y difícil de definir como la Santísima Trinidad –dije en tono sarcástico.
-No te burles de lo que no entiendes –sentenció.
Dejé el tema ahí, en parte porque temí que empezara a oler a azufre y en parte porque temía encontrarme un altar pagano con iconos de Pelé y de Falcao en el corredor al otro día.
Pensé que la cosa había quedado de ese tamaño hasta que anoche puso un partido y me quejé. Él estaba preparado y me sacó el Artículo 19, impreso y laminado, y me dijo:
-En este país hay Libertad de Cultos. El fútbol es mi religión. Estoy en misa así que déjame rezar en paz.
Amén.
Fashionista del Fútbol
02/07/2011 § Dejar un comentario
Hoy se enfrenta la Selección Colombia a la de Costa Rica en un partido de la Copa América y en honor a la ocasión mi esposo quiso celebrar de vistiéndose con la camiseta tricolor (Los colores de la bandera de Colombia son amarillo, azul y rojo). Me preguntó qué tal me parecía y cometí el error de ser honesta
-Esa camiseta no es lo que yo llamaría bonita. Es algo…colorida
-Son los colores de la bandera. Estoy siendo patriótico.
-Estás siendo anti-estético.
-¿Y si me la pongo con pantalones rojos?
-Quedas como un juglar
-Pero las camisetas de fútbol se usan.
-Sí, para jugar fútbol.
-Si eso fuera cierto, no las venderían como merchandising.
-Es una prenda de vestir que tiene un uso específico. Es como si yo salgo a la calle de tutú.
Y ante ese argumento…
¿La suerte se gasta?
04/06/2011 § 2 comentarios
Anoche estábamos viendo el partido Peñarol vs Velez (y cuando digo estábamos, me refiero a que mi esposo lo veía y yo estaba en la misma habitación porque estaba haciendo mucho frío y quería calorcito) y le pregunté a mi maridito a quién le estaba haciendo fuerza. Su respuesta me dejó sorprendida:
-A mí por tradición me gusta Peñarol, pero no voy a gastarme la suerte en este partido sabiendo que Millitos están en semi-finales para la Liga Postobón.
Bueno, ya sé para no gastarme la suerte de la lotería pidiendo taxi

