La culpa la tiene el celular
13/12/2012 § 2 comentarios
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La mironería
13/12/2012 § 2 comentarios
Una amiga me textea :¿la gente por qué es tan mirona? Está haciendo fila en alguna parte y siente que la miran mucho, que invaden su espacio personal las pupilas penetrantes de gente imprudente. Sé lo que siente. Todos lo hemos sentido. Ocurre en las filas, en los semáforos, en los bares. Alguien mira fijamente a otro y el otro le dice al alguien –¿qué mira, se le perdió uno igual, me le parezco a su mamá?-. Se cazan peleas, se lanzan puños, se profieren insultos, todo porque percibimos como agresión el que nos miren mucho. Pero hay miradas de miradas. Hay una miradita, un atisbo, una ojeada y ya pasarse de metido hasta llegar a la intrusión ocular y el voyerismo. Y también depende del mirador y el mirado. Si un apuesto extraño nos mira fijamente nos sonrojamos, pero si se trata de alguien desagradable, nos ofendemos. Si nos miran en un bar, es seducción; si nos miran en un banco, nos están intentando robar.
Sencillez y sensibilidad
13/12/2012 § 2 comentarios
Esta semana comprendí algo: la sencillez está sobrevalorada, sobre todo en Colombia. Como no crecí aquí no tengo esa apreciación por lo sencillo y con frecuencia me ofendo cuando invito a alguien a comer a mi casa, le dedico tiempo y esfuerzo a preparar algo rico y en lugar de echarme flores me dicen –ay, pero no has debido molestarte, la próxima vez me haces algo más sencillo.
Mi familia no es una vajilla incompleta
17/11/2012 § 10 comentarios
Hay una señora que me encuentro con frecuencia. No siempre tiene la misma cara ni el mismo nombre, pero es la misma señora. Es la de la fila en el supermercado, la amiga bienintencionadamente metida de mi mamá, la prima de mi papá que claramente desconoce el concepto de prudencia, la de ayer en el centro comercial. Y en cada encuentro tenemos la misma conversación. Me dice lo lindo que es mi hijo y después, invariablemente, me pregunta por el segundo. Yo sonrío incómodamente, digo que uno es suficiente y trato de seguir en la fila, buscar alguien con quién conversar o hago fuerza para que una nave espacial aterrice justo en ese instante, pero eso casi nunca sucede. La Señora, entonces, saca su mohosa lista de razones por las cuales yo TENGO que tener otro bebé:
Después de ese embarazo tan difícil seguramente el segundo será más fácil, hazlo ahora que todavía tienes ropa y cuna de bebé, pues igual estás gorda entonces no se te va a dañar el cuerpo, así tendrás de qué hablar en tu columna, y por supuesto, cada bebé viene con el pan debajo del brazo, no puedes dejar solo a tu hijo y debes buscar la niña para tener quién te cuide en la vejez.
Estos motivos son peores que los que llevaron a Napoleón a proseguir con Waterloo. Miren, yo he sido prudente, pero la verdad es que estoy harta.
Para empezar, la idea de tener un hijo sólo para que acompañe al que tengo o para que me cuide a mí es ridícula. Son seres humanos, no mancornas y no necesito el “juego completo”. Además, mi hijo no está solo. Me tiene a mi, tiene primos y amigos y tener un hermano o hermana no garantiza nada. Mi hermana mayor, por ejemplo, me vino a querer hace poquito y durante nuestra infancia no me podía ver. Si mis papás me hubieran tenido sólo por hacerle compañía a Lina habrían tildado de fracaso rotundo mi concepción. Hay hermanos que no se quieren y eso no significa que la vida del segundo haya sido perder la inversión. Cada bebé es una persona en sí misma y condicionar la existencia de un humano a tener que querer, cuidar o jugar con otro es de lo más cruel. Mi hijo es perfectamente capaz de conseguir otros humanitos con quién jugar. Si les preocupa tanto el tema, le compro un perro.
No es que no tengamos con qué, no es que mi útero haya sacado la mano o que mi esposo ya no tenga herramienta. Es que, sencillamente, decidimos que un hijo es suficiente. No, ni siquiera es eso, es que ESTE hijo es suficiente. Matías es todo lo que soñamos y más. No necesito tener un reemplazo porque tengo síndrome del nido vacío y mi bebé está creciendo. Todos los bebés crecen y tener otro no va a cambiar el hecho de que Matías tarde o temprano se irá de la casa, tendrá su propia vida y yo agradeceré el tiempo que fue mío y celebraré el hombre que es. No voy a buscar lo que no se me ha perdido. Estoy cansada de que las personas crean que una pareja con un hijo es una vajilla al que le falta un plato.
Hay muchas familias con más de un hijo y sé que disfrutan y quieren a cada una de sus bebés. Me alegra. Pero mi familia está bien así. Así que Señora, por favor, limítese a opinar del clima. Mi familia no está para la discusión.
Bambi Skywalker
12/11/2012 § 2 comentarios
Señales de la chochera inminente
06/11/2012 § 4 comentarios
La tecnología me ha convertido en una mejor persona
27/10/2012 § 5 comentarios
Nunca fui lo que uno llamaría popular. Fui niña rara, adolescente retraída y adulta enmimismada; en el fondo medio tímida y, como dicen los abuelos, cuzumbosola. Además, eso de haber vivido en tantas partes no contribuyó a que formara relaciones duraderas. A veces trato demasiado de ser chistosa y se me va la mano, hablo en exceso, me río por la nariz y soy absolutamente analfabeta en temas de protocolo.
Ah, pero eso es en persona. En las redes sociales soy un encanto.
Si sumo mis amigos de Facebook, mis seguidores de Twitter y Pinterest y mis círculos de G+ con los que leen mi columna y los suscriptores a mi blog, tengo una “barra” de miles de personas. Al parecer, cuando hay al menos una pantalla entra la otra persona y yo, soy bastante afable.
Justamente esta semana estuve de cumpleaños y quedé sorprendida y conmovida por la cantidad de mensajes que recibí. Me di a la tarea de contestar uno por uno y me di cuenta de que muchos provenían de personas con las cuales no tengo contacto directo, humano, físico, en vivo hace más de una década. En algunos casos, hasta dos. Que se hayan acordado de mí y tomado el tiempo de desearme un feliz cumpleaños me alegró el día. Qué va, me mejoró el genio de aquí hasta la Navidad.
Lo traigo a colación no para hacerme propaganda (aunque sigo aceptando regalos y buenos deseos hasta que empiecen a sonar los villancicos) sino porque con frecuencia la gente raja de la tecnología. Muchos detractores de la modernidad afirman que el Internet nos aísla y que ha gangrenado la interacción humana, pero yo soy prueba de lo contrario. La red me ha permitido reencontrarme con amigas que creía perdidas, remendar relaciones que daba por irremendables y conocer personas más parecidas a mí de lo que pensé posible. Saber que hay otra gente que piensa como yo, que siente lo que yo me da ánimos para interactuar con todos los que sé que no. Me hace sentir menos sola, menos rara, menos…desencajada.
El ratón y el teclado me permiten ser elocuente, chistosa y amable, y los emoticones facilitan la transmisión del sentimiento a falta de inflexiones de la voz, que igual pueden ser ambiguas. Además, el ritmo es diferente. No hay silencios incómodos que siento que tengo que llenar, no hay suspiros ni resoples ni “ajém” ni “ajá”. Sólo hay que hacer clic y estuvo: amistades casi automáticas.
Por supuesto que lo automático tiene sus bemoles. El haber visto fotos pegadas en el muro de alguien da la sensación de que nos hemos visto más o más recientemente de lo real y eso hace que uno haga menos esfuerzos por verse porque no siente la misma urgencia. ¿De qué vamos a hablar si ya lo pusiste en el muro?
Pero para mí, funciona de maravilla. Por eso, la próxima vez que me vea, tenga un poco de paciencia si ve que en lugar de estirar la mano hago clic. La verdad es que estoy tratando de decir “me gusta”.
El año de vivir bíblicamente
20/10/2012 § 9 comentarios
La verdad es que en este punto no sé si admirar profundamente a Rachel Held Evans o pensar que está loca. O un poco de ambas.
Les contaré lo que sucede: esta mujer vivió durante un año entero según la Biblia. Y no me refiero a las partes fáciles como no matarás; ella cogió la Biblia como si fuera el Manual de Carreño y durante 12 meses no se cortó el pelo, hizo su propia ropa, se refirió a su esposo como “Amo”, anduvo con un cojín para no sentarse directamente sobre los muebles y no contaminarlos con su impureza, pasó sus periodos de menstruación en una carpa que armó en su patio y no tocaba a su esposo ni a nadie más durante esos días. Luego recogió sus experiencias en su blog y ahora ha escrito un libro al respecto. La idea de ella es hacer que los cristianos se replanteen la noción de “feminidad bíblica” y entiendan qué es lo que realmente vale la pena rescatar de las mujeres de la Biblia y qué necesita un poco de actualización.
Todo esto ha generado mucha publicidad para la escritora evangelista, pero una de las cosas que más ha llamado la atención de los medios –y la mía- es que la cadena de librerías cristianas más grande de la lengua inglesa no venderá el libro “Una año de feminidad bíblica” porque contiene la palabra “vagina”. Vale la pena anotar que la misma empresa, llamada Lifeway, vende sin problema varios libros que contienen la palabra “pene”.
Sí, de nuevo sonamos con que las partes femeninas son capaces de generar tormentas, y eso que esta vez es sólo la palabra, ni siquiera hay fotos ni caricaturas. Ha sido la locura y hasta venden camisetas con la leyenda “Team Vagina” (Equipo Vagina). No estoy diciendo que quiera una de cumpleaños, pero interesante, ¿no?
Ahora, mi preocupación no es ni por le libro de Rachel ni por su vagina sino por todas las vaginas (mi corrector de palabras no entiende por qué uso el plural. Debe pensar que todas somos una sola Gran Vagina). Me refiero a que las barreras que existen para impedir que se habla de manera franca y honesta sobre la sexualidad y el cuerpo de las mujeres refuerzan la noción de que son de alguna manera sucios, malos o cochinos, algo para tapar y de qué sentirse avergonzados. Es más, les apuesto que varios hombres y algunas mujeres que han llegado hasta este punto de esta columna pensará que estoy siendo soez o grosera o irrespetuosa, pero si estuviera hablando de los codos o de las rodillas no tendrían problema. Es sólo eso, una parte del cuerpo, pero no es tratada como tal. Y nadie piensa en los efectos a largo plazo que esto puede tener sobre nosotras, las vaginahabientes (no se me ocurre otro término), cómo la vergüenza y el asco que nos hacen sentir de nuestros cuerpos afecta nuestra capacidad de amarnos y dar amor y esto repercute en aspectos de la cultura y la sociedad al punto que la idea de que nuestro cuerpo –el femenino- nos hace inferiores lleva a que aún en muchos aspectos se considere que las mujeres no somos iguales ni merecemos el mismo trato que los hombres.
Tal vez el libro de Rachel genere más que sólo alboroto, tal vez ayude a que algunas personas reflexionen y cambien de actitud, pues si bien creo que esta señora tiene que estar loca por querer hacer todo esto, también creo que sacó del clóset a toda esa mano de locos que creen que “vagina” es una grosería.
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De vacaciones
09/10/2012 § Dejar un comentario
Los pies en la tierra
05/10/2012 § 4 comentarios







