El fin que no fue

21/05/2011 § 1 comentario


Chocolate bar compilation

Mi primer pensamiento consciente de esta mañana fue para mi amiga Lucero, que vive en Australia. Pensé en ella porque se supone que el fin del mundo iba a ser hoy, sábado (la columna saldrá mañana) y como amanece primero en Australia yo supongo que cuando llegue El Fin, llegará primero allá. Pero hasta donde sé, Australia sigue bien, así que estoy optimista.

Aunque, a decir verdad, no le tengo mucha fe a eso del Fin. Es más, confío tanto en que el mundo no se va a acabar hoy que pagué mi tarjeta de crédito ayer, estoy escribiendo esta columna y además no hice trampa en mi dieta al desayuno. Ay, porque eso sí, el día que yo crea que se va a acabar este mundo los famosos jinetes del Apocalipsis van a tener que correr para agarrarme antes de que el coma diabético entre en efecto.

Pero no es sólo esta predicción, son todas las que me caen mal. Es que el cuento de que el mundo se va a acabar es tan viejo como la noción de mundo. No hay que ser expertos en teología, mitología, antropología ni pendejería para intuir que predecir el fin es plan desde hace rato. Una buscadita en Google indica que el Fin se ha predicho 100 veces en los últimos 100 años y hasta ahora, nadie ha acertado. A mí ya me tocó el Y2K (si no sabe qué es eso, por favor váyase a jugar con sus Barbies y deje que los adultos lean en paz) y el 6 de junio de 2006 (que era el 666, Día de la Bestia. La única Bestia que vi fue un idiota que me echó el carro en un semáforo) y no ha pasado mayor cosa.

El viejito que predijo este fin en particular es Harold Camping, y aunque el plazo oficial vence hoy a las 6:00 p.m. yo no he visto reportes de que él esté en Las Vegas ni en Disney ni en la fabrica de Hershey’s gastándose hasta el último de sus 117 millones de dólares (al parecer, el pesimismo paga, y harto) y eso hace que no me convenza mucho este cuento. Lo digo porque Camping es Cristiano y si de verdad cree en eso de “alabados sean los pobres” y “más fácil entra un camello” estaría estresado por su fortuna y despilfarrándola para que no afecte su entrada al Cielo. Pero no…

Además, Roland Emerich no ha hecho ninguna película sobre este fin del mundo; Pepe Ganga no está teniendo una venta de fin de mundo con descuentos de locura; NAtGeo no ha dejado de anunciar el especial de momias y las latas de atún vienen para consumir hasta el 2014.

Además, dejando a un lado los argumentos religiosos, no veo el sentido de un Fin apocalíptico, y menos aún uno anunciado, salvo que uno también crea que antes del “Big Bang” había una voz en off (MUY en off) contado de manera regresiva.

Pero voy a mantener la mente abierta. Si en algún momento de mi vida oigo a James Earl Jones (¿quién más que la voz de Darth Vader para ese oficio?) empezar a retumbar en el cielo con un “10…9…8…”, prometo obrar con velocidad y serenidad para pasar mis últimos momentos con mis seres queridos: mi familia y un paquete de M&M’s.

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§ Una respuesta a El fin que no fue

  • Me reí mucho con los de “Ay, porque eso sí, el día que yo crea que se va a acabar este mundo los famosos jinetes del Apocalipsis van a tener que correr para agarrarme antes de que el coma diabético entre en efecto” jejeje

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